Y Latour se encontró un sistema, o ¿la ANT como metafísica?

Llega un momento en la vida de todo científico social francés de renombre (por lo general con pretensiones filosóficas, varón y de familia de postín) en el que lo más honroso que le puede pasar a uno es que le publiquen un libro hagiográfico donde se describe en toda nitidez y sin rupturas, dudas ni fracturas “su sistema” (en perfecta sintonía biográfica, por supuesto). Y mejor aún si se trata de un libro publicado por un angloparlante francófilo (ya se sabe, nadie es profeta en su tierra…).

Yo por mi parte, microbio del mar de una academia rala de hermanos pobres del mercado anglosajón y admiradores de las virtudes de nuestros vecinos glamurosos de L’Hexagone (ah, la construcción del valor académico), he pasado una larga tarde de domingo un tanto aciaga pretendiendo que dedicaba mis horas a algo de enorme valor intelectual, supuesto placer personal y no declarada curiosidad morbosa por estar al día de la nueva comidilla (también la academia tiene sus modas, aunque no haya un Hola o un Cosmopolitan que marque tendencias), la mayor parte de ellas dejándome los ojos delante del ordenador, intentando enfrentarme como un titán al libro recientemente publicado por Graham Harman Prince of Networks: Bruno Latour and Metaphysics (que os podéis descargar gratis en la web de la editorial).

Pero os confieso que si no hubiera sido un libro virtual se me hubiera caído de las manos (pegándome una siesta merecida de domingo) y que he tenido una sensación espantosa de perder un tiempo valiosísimo que hubiera dedicado a dar un paseo y no a calentarme la sesera como un vulgar Don Quijote del siglo XXI… Como mi pareja estaba trabajando y no tengo tele operativa me he dedicado a dosificar los esfuerzos cada vez mayores de leer el libro (he leído la Parte I a trompicones y he naufragado en la Parte II) con la visita de páginas web y blogs donde se hablaba del asunto (o asuntos afines, como los de esta entrada del alucinopédico blog Larval subjects o el blog del propio Harman titulado Object-Oriented Philosophy), para ver si me podía ahorrar el esfuerzo de leerlo, hasta que me he dado cuenta de que la cosa no iba a ningún sitio y me he perdido bicheando por internet en otras cosas menos elevadas y más benignas (o eso me parecía, al menos).

Sin embargo, por una de estas sensaciones tontas de amor propio y de capitalizar el tiempo perdido, tras un rato barruntándolo, me he decidido a escribir en el blog con la intención, pretendidamente polémica o de polemista, de intelectualizar y colectivizar mi tedio. Y aquí os lo cuento, por si sirve para avivar el debate o, al menos, para quedarme a gusto (si os incomoda, os ruego por favor que toméis el espacio de esta pequeña entrada ínfima y aburrida como una especie de speakers’ corner sin mayores pretensiones, y que no consideréis mis argumentos como algo más que una pequeña pataleta proyectada hacia un lugar perverso de alguien que no ha podido disfrutar de la tarde soledada del domingo como hubiera querido).

Os decía que tenía intención de hacer de tripas corazón y hacer pública una incomodidad exponencialmente creciente con la deriva metafísica de la ANT (tal y como es presentada por Harman) o, por ser más precisos, su conversión en “sistema filosófico cerrado” (afín con el uso de sus nociones como si fueran productos comerciales perfectamente empaquetados, y con un punto de bolsa de congelado de La Sirena la verdad sea dicha, o con la vindicación iterativa de un nuevo filósofo maldito-y-olvidado, por muy interesante que sea, para la causa con la idea de crear un panteón ateo con visos de Top 10 de la Fnac: Tarde, Whitehead, Souriau… who’s next?) que me lleva al más profundo aburrimiento personal y académico. Intentaré explicarme.

Últimamente tengo la sensación, en numerosos foros donde se discuten cuestiones como la ANT (aunque creo que es algo más general a las ciencias sociales, por lo que he ido hablando con alguna gente) de que ahora esté de moda convertir cualquier noción o intuición conceptual enunciada para dar cuenta de un hecho empírico en una especie de herramienta teórica con valor trascendental, que se desgaja y adquiere valor de abstracción y generalidad más allá del caso al que sirvió como aglutinador de los modos de dotarle de inteligibilidad (más aún si el término es cuanto más abyecto mejor, deriva de alguna lengua muerta o es un barbarismo del inglés). O, quizá aún mejor, es bastante común que se vaya a la filosofía para rapiñar algún concepto para emplearlo de forma indiscriminada. Y, lo confieso, no me libro ni pretendo hablar desde fuera, pero ¿no os da que pensar el asunto?

Por encima de todo hay algo que me intriga: ¿cómo afecta a la ANT el hecho de que, como Graham Harman nos cuenta (y las loas con las que el aparato de márketing presenta al libro son nítidas en esto), su obra es “el primer tratamiento sistemático y profundo de Latour en tanto que filósofo”, y se dedica a transformar sus trabajos concretos en hitos para la metafísica, sus intuiciones y conceptos para dar cuenta de un caso concreto -efectivamente con un alto trasfondo filosófico, que los hace más divertidos, intelectualmente estimulantes y cautivadores-  en conceptos trascendentales o en abstracciones genéricas? Hablando de estas cosas con una colega en Lancaster (donde he estado unos meses) me decía “ANT travels too fast“, como queriendo decir que los conceptos de la ANT son demasiado fáciles de usar, están empezando a viajar y exportarse de forma rápida y que esto le parecía enormemente problemático. Y a mí también, y no precisamente porque crea que esta es una cuestión “sólo para iniciados” (nótense las connotaciones religiosas del término).

No es que quiera defender que las ciencias sociales y la filosofía deban estar separadas por los siglos de los siglos amén ni muchísimo menos (no reinvindico un rupturismo epistemológico insalvable; me encanta la filosofía y la encuentro enormemente fecunda para la investigación social), pero creo que en este movimiento de la ciencia social a la filosofía estamos perdiendo de vista la especificidad de los tipos de conceptos y sus posibles usos en estos dos ámbitos, como espacios con tareas distintas.

La ANT empezó (y se suele sacar la bandera y hacer vanagloria siempre que se puede de ello) como un aglomerado de intuiciones y reflexiones empleando de manera algo loca quizá algunos conceptos filosóficos tomados de (entre otras personas) Serres, Deleuze o Foucault para salir de determinados entuertos teórico-filosóficos en los que la sociología y la antropología de la ciencia (y del conocimiento, y de la tecnología) andaban metidas a la hora de dar cuenta de sus trabajos de campo empíricos muy concretos, de lo más diverso y heterogéneo en sus temáticas (tanto que hasta irritaban a los etnógrafos tradicionales que entendían que el trabajo de campo requería un setting estable y la vocación de convertirse en un Zelig que intelectualizara su experiencia de participación). De hecho, ha sido desde sus inicios un terreno convulso de difícil acuerdo en ocasiones. Valgan un par de anécdotas para hacer esto visible en alguna medida:

– Recuerdo haber oído y luego leído (ver, por ejemplo, esta reseña de Reassembling the social) en palabras de Francisco Tirado cómo en un seminario en el que estuvo presente a finales de los 1990s la ANT fue vindicada para ser asesinada y declarada defunta públicamente en tanto que “teoría” (puesto que su diversidad era tal que no podía enunciarse como sistema de conceptos cerrados), como en una especie de entierro de la sardina epistemológico. Esta asunción ha dado lugar a una diáspora de nombres que diferentes investigadores han empleado para intentar denominar a esta sensibilidad común en su diversidad y vaguedad: actant-rhizome ontology, after-ANT, material semiotics, ontopolitics, material relationism, etc.

– Hace pocos meses, en la universidad de Lancaster, una de las mecas del asunto (el término no es una vulgar metáfora, habida cuenta de todo el personal que peregrina por allí por las más diversas razones), asistí a una charla introductoria a la ANT (con la intención de ver cómo se lo montaban por allí) y me sorprendí en mitad de un ejercicio de iniciación a los estudios de la ciencia y la tecnología en el que el término completo ‘actor-network theory’ no se empleaba casi nunca. Con el tiempo, en otros contextos, me di cuenta de que, como mucho, alguna gente decía ANT con la boca pequeña o, directamente, hablaba de actor-network approaches. Y cuando les veías presentar algo se trata, en la mayor parte de los casos, de trabajos en los que “se echa mano” de algunos conceptos de la ANT, de los estudios sobre cultura material, sobre embodiment, sobre tecno-feminismo y estudios de género, etc. Durante mis meses de estancia sufrí los rigores de un modo de plantearse su tarea que solía acabar en una imputación hacia mi modo de plantear la mía como “muy continental” (los europeos, dicen, pecamos siempre de gravedad teórica, profundidad y simpatía por el manejo de términos filosóficos) o en una afirmación del tipo: “sí, sí, pero háblame más de tu caso”, aunque luego en sus textos vieras cómo hacían verdaderos gazpachos (el término y su connotación de mezcolanza no demasiado nítida no está escogido al azar) de términos filosóficos junto con fragmentos de su trabajo de campo. Esto me desesperaba, porque además de contar cosas sobre mi caso de investigación con detalle siempre intentaba pensar en cómo articular un concepto para pensar en ello.

Y, aunque a veces sus peticiones de que me extendiera en el caso parecieran de una especie de realismo naïf (una especie de pragmatismo o utilitarismo que aplican a su modo de investigar y a su modo de juntar aspectos o contenidos teóricos), algo se me ha debido pegar que, al abrir y leer las discusiones bizantinas del libro de Harman sobre una object-oriented philosophy, no he podido evitar una gota de sudor cayéndome de la frente que, al microscopio, seguramente tenía puesta la palabra “tedio” por algún lado. Todos mis respectos para este propósito (así como el encomiable intento por vincular a Latour con Heidegger, lo cual es un filón interesantísimo), pero quizá no todo es útil en todo momento ni para las mismas tareas. Y, esta es la idea que quisiera sacar adelante aquí, quizá la ciencia social deba nutrirse de la filosofía sin perder de vista su modo específico de abordaje, que implica relacionarse con materiales, prácticas y experiencias derivadas de la investigación empírica rigurosa.

Entiendo que uno de mis problemas en tanto que investigador social es poder transmitir la singularidad de “aquello que he visto”, de “aquello que he leído” (u otro dato de cualquier modalidad sensorial relevante) o, en términos más generales, de “lo que he formado parte” en mi trabajo de campo. Y, claro, en la mayor parte de las ocasiones deberé hacer uso de ideas, conceptos o intuciones que he ido tomando de toda una serie de tradiciones que informan mi lectura inicial (o que articulan la construcción teórica de mi objeto de investigación, como se diría con más propiedad, para decidir “qué intentar ver”), como diferentes monografías etnográficas sobre diseño y uso, sólo algunas de las cuales hechas con sensibilidad ANTera (por citar un caso: el libro sobre Aramis es, probablemente, uno de mis libros de cabecera).

Pero me gustaría aclarar que no quisiera jugar el eterno juego del empirista que añora la explicación perfecta, no mediada y prístina del “mundo”. El asunto de la construcción de la mirada y las tiranías de las tecnologías del contar (ya sea narrar o hacer conteo), como muchas de las lectoras seguramente sepan mejor que yo, ha sido debatido en la sociología y la antropología ampliamente como para atreverse a decir algo por el estilo a estas alturas. Una de las audacias de la sensibilidad ANT fue la de ser una de las iniciativas que reivindicó la vocación de sacar algo en claro del bucle posmoderno planteando de nuevo la pertinencia de un modo de descripción naturalista, pero no al modo de los realistas ingenuos (¿alguna vez existieron de verdad en las ciencias sociales?, porque salvo algunos raros becerros de la matematización estadística de la facultad de psicología en la que he estado trabajando hasta hace poco, no me he cruzado con muchos últimamente).

Me gustaría terminar con una afirmación algo epifánica: me ha costado darme cuenta que “mi tarea”, si es que se puede decir así, no puede consistir tanto en emplear un concepto como una llave inglesa apretando una tuerca ante el caso, sino en articular, mediante el uso de conceptos robados a, adaptados y releídos de otras personas, un modo específico de dar cuenta de “esto que quiero describir” que, de alguna manera, se me escapa irremisiblemente y que, indudablemente, será una de entre otras posibles maneras de dar cuenta de ese entramado. Lo cual, me parece justo decir, no le resta valor, ni mucho menos. ¿O acaso el valor reside sólo en las afirmaciones fuertes de calado metafísico?

Mientras Harman nos describe “el sistema de Latour” subyacente a toda su obra desde sus inicios (¿?), donde la ANT se nos plantea como una metafísica de conceptos cerrados para su aplicación general, yo, cada vez más, creo que la alternativa sólo puede consistir en una huída apresurada de este tipo de afirmaciones y aseveraciones altivas, que parecen encontrar una buena recepción entre el cretinismo elitista de advenedizos a la nueva moda intelectual siempre por llegar. ¿De verdad es tan mala la antigua y caduca sensibilidad etnográfica que la ANT (como nebulosa conceptual vinculada con la antropogía cognitiva, la antropología de la ciencia y la antropología de la tecnología, por no hablar de otros campos como los estudios de género o la economía) mostraba por el detalle del caso y su singularidad? Quizá debamos leer lo que hay de interesante en Latour y otros autores de “esa sensibilidad quizá sin nombre”, y olvidar para siempre “su sistema”…

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4 comentarios en “Y Latour se encontró un sistema, o ¿la ANT como metafísica?

  1. Hola, ya has mirado este publicado en Social Studies of Science el 14 recien pasdo…

    Coming out as a philosopher
    Bruno Latour
    Abstract
    In parallel with the empirical work pursued for almost 30 years on the socio-technical networks of science, the author has systematically pursued a philosophical inquiry to compare different ways
    of producing truth (science and technology being only two ways among several). The principle is to add to the analysis of networks the ‘key’ in which each type of network is able to spread, this
    key defining for each type of mediation the felicity and infelicity conditions necessary to grasp it.
    This project aims at providing a positive philosophical anthropology of the moderns instead of the only negative one offered in ‘We Have Never Been Modern’.

    Link here: http://sss.sagepub.com/cgi/rapidpdf/0306312710367697v1

    Gracias por tu interesante reflexion, he tratado de estar cerca de esta vision en mi propio trabajo. De que la discusion filosofica y teorica (metafisica) informe mi trabajo, pero de que sean los propios actores los que informen mis preguntas a traves de los datos y la investigacion empírica rigurosa.

    Saludos,

    • Hola Juan
      Gracias, sí, había leído hace tiempo la versión previa que tiene en su web:
      http://www.bruno-latour.fr/articles/article/114-UNSELD-PREIS.pdf

      Y, no puedo evitarlo, me suena a reconstrucción presentista con el objetivo de “hacer memoria” y “dar sentido a toda mi vida ahora que me hago mayor”, o algo por el estilo (un objetivo muy loable, espero que le asegure una abultada jubilación y se consagre en el olimpo de los intelectuales franceses). Cierto es que ha habido una cierta tendencia e inclinación (que hay cosas de Irreductions que iban un poco en una dirección semejante), pero: (1) no sé si me parece algo demasiado serio (y desde luego nada interesante como lector, opino) pensarse a uno mismo desde la coherencia y la continuidad; y (2) no acabo de ver la pertinencia para el etnógrafo que hace trabajo de campo de pegarse unos cuantos calentones de cabeza (muy útiles y agradables cuando estás muy encima de tu caso concreto).

      Por otro lado, dos cuestiones:
      a) ¿Acaso no hay tradiciones en todas las ciencias sociales de estudio de cada uno de los temas concretos con nociones, planteamientos, problemas y disquisiciones de relevancia? ¿Es todo lo que se ha dicho tan banal, inútil y poco acertado como para necesitar, nada menos que “una nueva metafísica”? Pues dependerá de los casos de estudio, pero hay desde luego una falta de modestia atroz si se pretende con esta tarea resolver todos y cada uno de los problemas de las ciencias sociales (como si estas fueran un monolito). Habrá problemas concretos en los que será relevante un cierto meneo, pero ¿debemos perder todo lo que se ha hecho hasta ahora? ¿sólo es relevante Tarde y ya no, por ejemplo, GH Mead, Merleau-Ponty o Goffman (por no citar más que algunos ejemplos que me vienen a la memoria)?

      b) Esta deriva de Latour es cada vez más evidente, pero desde que no hace trabajo de campo (no sé si La Fabrique du droit realmente pudiera ser tenido en tan alta estima; fue un libro muy criticado en Francia) y se dedica más al trabajo filosófico (la recuperación, en algunos aspectos interesantes de Tarde, Whitehead, Souriau, James, etc.) la cosa se ha exacerbado exponencialmente… De hecho, por lo visto todo va en la dirección de plantear una “filosofía de los modos de enunciación”, de lo que podéis ver un adelanto en este texto:
      Petite philosophie de l’énonciation
      http://www.bruno-latour.fr/articles/article/75-ENONCIATION.pdf

      No le acabo de ver demasiado el sentido a las divisiones genéricas y cuasi-tipológicas que hace entre el modo de la ciencia, el de la tecnología, el del arte, el del derecho, etc. y, la verdad, es un trabajo que me resulta poco útil. Por contra, el trabajo empírico de John Law, Annemarie Mol, Steve Brown y Mike Michael, con algunos problemas y cuestiones que no vienen al caso, me ha venido pareciendo un poco más interesante en su deriva semiótica postestructuralista, reivindicando la corporeidad y el tratamiento de las ausencias, y me ha parecido muy útil la construcción metafórica a la que se han dedicado para dar sentido a los casos (como los trabajos de topología social donde hablan de formas de espacialidad y temporalidad, donde se habla de la ambivalencia, la alegoría, etc).

      Pero esto no quiere decir que no haya en ellos un intento, a veces un poco cargante, por leer antes filosofía que otras cosas de ciencias sociales que, quizá, hubieran sido más pertinentes para hablar del asunto. Pienso, ahora que lo tengo fresco, por ejemplo, en el último libro de Steve Brown y Paul Stenner Psychology without foundations, en el que muchas tradiciones de la psicología hubieran sido bastante más interesantes para hablar de algunas cosas que mencionan antes que la obra de algunos de los autores que retratan (en breve aparecerá en la revista Estudios de Psicología una reseña mía del asunto, por si a alguien le interesara).

      En fin, seguimos…

      Abrazos
      T

  2. Se agradece y a mi si me interesa!
    By the way, no creo que pueda adelantar mi visita a Espana e ir para el Simposio sobre ANT. Sin embargo, tarde o temprano llegare a la “madre tierra” 🙂

    Como tu ya has mencionado, seguimos…

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