Teoría del actor-red y agencia

A continuación os dejo por aquí lo que fue mi comunicación en el I Encuentro Estatal ANT del 18 de junio en la UOC en Barcelona, en el que introduje la sesión dedicada a “ANT y Agencia”:

‘Para empezar esta sesión me gustaría hacer un breve mapeo a partir del que se pongan cuestiones que los diferentes ponentes puedan responder como estimen oportuno.

Como sabéis esta sesión versaría sobre los debates sobre la agencia y las aportaciones de la ANT. Es de rigor comenzar diciendo que el problema de la agencia en la ANT tiene un panorama diverso y problemático, donde se juntan alguna serie de debates muy distintos, sobre diferentes términos, tal y como han sido configurados y leídos, con mayor o menor fortuna, en diferentes ámbitos. Cuatro asuntos o problemáticas abstractas son, a mi juicio, las que nos atenazan y nos reúnen en esta sesión para discutir:
– Qué es la agencia
– Qué papel juega el principio de simetría en estos debates
– Cuál es el sentido y el interés de la (in)distinción entre humanos y no humanos
– Cómo aproximarnos al estudio de la subjetividad o del self desde un marco como la ANT

Usos de la ANT en los debates sobre la agencia
El origen epistemológico-mítico que la ANT parece querer romper, al plantear una agencia que no es sólo ni únicamente parte de “sujetos”, es la distinción entre sujetos/agentes y objetos/pacientes, o más ampliamente entre el supuesto voluntarismo-intepretativismo de las ciencias sociales y el supuesto mecanicismo de las ciencias naturales, como modos explicativos que han justificado y fundado distinciones epistemológicas, ontológicas y políticas.

Son ámbitos problemáticos, pero la ANT (y quizá más concretamente Bruno Latour) ha solido entrar como un elefante en una cacharrería y, al criticar esta distinción sujeto-actividad/objeto-pasividad, se ha llevado por delante muchas distinciones realizadas en otras áreas de las ciencias sociales y humanas, quizá más pertinentes que esta. Haciendo esto nos coloca quizá ante la siguiente diatriba: ¿debemos recomponer todas las posibles distinciones ex nihilo? ¿Nos lleva la ANT a una especie de buena nueva a través de la construcción de un ‘nuevo lenguaje’ que rearticule completamente nuestra mirada sin que nada de lo anterior valga?

A mí esto me genera no pocos problemas, porque creo que hay muchas tradiciones muy diversas en las ciencias sociales y naturales que no sé si encajarían en este saco que parece querer romperse y, pienso, quizá hay algunas distinciones que han sido empíricamente útiles para numerosas disciplinas que no sé si es pertinente desechar para dar cuenta de nuestras investigaciones. En todo caso dependerá de aquello de lo que estemos hablando. Pero de cualquier manera se hace pertinente, por tanto, debatir algunas cuestiones sobre el problema de la agencia en relación con la distinción entre sujetos y objetos, y cómo esto puede afectar al quehacer de las propias ciencias sociales.

– Agencia subjetiva:
Para alguna gente en las ciencias humanas y sociales, la reacción ante algunas lecturas de la ANT ha sido diversa, pero fundamentalmente crítica con la asunción de una especie de indistinción de la agencia al asumir los principios de heterogeneidad y de simetría generalizada. De entre todas las críticas, autores como Frédéric Vanderberghe o Don Idhe, que realizan críticas a la ANT desde la fenomenología, serían de las figuras más prominentes. En cualquier caso, gran parte de las críticas vienen de posturas humanistas o, lo que sería más correcto, “demarcacionismos humanistas”.

Sin embargo, creo que no toda postura que asuma distinción y propiedades de diferentes seres es fácilmente catalogable dentro de esta postura. Tengo en mente, en concreto, a algunos psicólogos constructivistas que trabajan con una noción bastante poco reduccionista de subjetividad e, incluso, de lo que es la objetividad. Para estas posturas, próximas al pragmatismo de JM Baldwin, W. James o GH Mead, la crítica de la ANT se articularía a través de preguntas como las siguientes: ¿Tiene sentido la agencia dejando de lado la operatoriedad o las habilidades humanas (y de animales, plantas u otros seres vivos) para relacionarse con el entorno, o la experiencia concreta de cada ser (vivo y no vivo)? ¿No posibilitan nuestras estructuras orgánicas formas de agencia específica, por mucho que no estén siempre controladas o totalizadas por la figura del ser humano del humanismo decimonónico?

Normalmente la respuesta de la ANT al respecto de cualquier tratamiento de lo subjetivo pareciera una crítica socio-política: todo lo que implique definir lo que el ser humano “es” es problemático o debe de ser analizado en tanto mecanismo por el que las ciencias sociales han jugado el papel de policía de la ingeniería social, defendiendo determinadas alternativas de lo que es lo social o lo subjetivo. Esto, por lo demás, suele ser luego matizado intentando estudiar cómo los objetos articulan nuestros modos de vínculo y nos articulan a nosotros mismos como selves, pero parece quedar siempre fuera cualquier dimensión orgánica o psico-biológica para plantear cómo se estructuran las condiciones en una ecología de acción dada. ¿Será esta una forma de sociologismo en el tratamiento del self que se ha colado en los planteamientos de la ANT, pero en el que la fuente son los objetos? Creo que seguramente sea conocida de sobra por parte de la audiencia la broma de Latour sobre la interobjetividad, como fuente de la socialidad, y no tanto la intersubjetividad.

En el tratamiento de algunos autores de la ANT hay dos cuestiones que se mezclan y no se resuelven:
1) Reivindicar algo como las competencias orgánicas o las habilidades, ¿supone siempre invocar una noción a priori cerrada, limitada y bien definida de lo que es el ‘ser humano’?
2) ¿Es posible algún tipo de conocimiento sin que exista algún tipo de ser que opere con el mundo –mire, manipule, escuche, etc.- y cuente con dispositivos de enunciación que estructuren su tarea, a la vez que dispositivos de registro que le permitan dar cuenta de algún resultado de sus operaciones?

Si queréis podría dar nombres y trabajos concretos, pero pienso en los últimos trabajos de Latour donde hay un intento tosco por articular esto a partir de su noción de plug-in. Pero también pienso en el trabajo mucho más fino de Hennion y Teil sobre el gusto musical y alimentario, que sólo se refieren a discursos, prácticas y categorías sociales, sin llegar a teorizar nunca el aspecto sensorial o sensorio-motor implicado o que lo hace posible.

Parece que la ANT en este punto se anclaba profundamente en la etnometodología y sus trabajos, ampliamente fecundos, sobre la materialidad práctica y distribución de los procesos cognitivos. Sin embargo, parece que siempre se deja de lado el modelo de sujeto que propone la etnometodología. ¿Acaso no es mejorable? ¿Es el único? ¿Debe de quedar en el trasfondo y no ser debatido?

– Agencia objetiva o material:
Ciertamente no todo han sido críticas. También ha habido reacciones de apoyo fervoroso, o quizá podríamos decir de confusión exaltada. Pienso en numerosos estudios de lo que se ha venido en llamar “cultura material”, que han acogido a la ANT como la teoría que, por fin, les daría un estatuto definitivo como disciplina. En esos ámbitos, muchos autores afirman, apoyándose supuestamente en la ANT, que “los objetos tienen agencia”, pero ¿tiene sentido esta afirmación? Hay numerosos debates que aparecen de forma recurrente y que pueden ser útiles para pensar en todo lo que esto implica.

La afirmación de la agencia de los objetos ha abierto numerosos debates con y contra la antropología en torno a la cuestión del animismo. Y una pregunta aparece siempre de forma recurrente: ¿tienen agencia las cosas discretas e individualizadas en los mismos términos que atribuimos intenciones y volición a los seres humanos discretos e individualizados en una determinada tradición?

Esto se parece ciertamente a algunas interpretaciones o enunciaciones de cosmologías animistas. De hecho se ha convertido en algo bastante común que a la hora de hablar de la ANT el chascarrillo típico de colegas psicólogos y antropólogos sea algo así como: ¿pero la mesa te habla? O, incluso, que se haga una referencia al hecho de que a los objetos no se les mete en la cárcel por sus delitos, salvo curiosamente en el ejército (en concreto recuerdo una referencia lejana de varias personas a ese espacio pretérito de la mili, en el que comentaban que se encadena a los tanques si estos “no se portan bien” en las maniobras).

El tipo de “agencia” que se presenta en los trabajos que detallan cosmologías animistas en diferentes grupos sociales, como los de Philippe Descola, ampliamente citado por Latour, remite a una especie de principio vital-espiritual extendido a diferentes entidades del mundo.

Sin embargo, el animismo como categoría es algo bastante complejo y constantemente en debate en la propia antropología. En primer lugar porque se borra todo el espacio de categorizaciones y discursos diversos y específicos con el objetivo de emitir un juicio monolítico sobre una cultura. Parece difícil asumir que se preservan las distinciones referenciales insertas en divisiones categoriales-ontológicas entre las entidades que pueblan el mundo para cada uno de los pueblos citados. Es decir, parece complicado decir que una mesa siga siendo una mesa, un perro siga siendo un perro, pero para el pueblo X tienen propiedades de agencia espiritual y actúan en los mismos términos que actuaría un ser vivo. En segundo lugar, se abre el problema de si podemos asumir que distinciones o disquisiciones teóricas de la filosofía occidental son aplicables a otros contextos (o incluso a todo occidente mismo en cualquier circunstancia). En cualquier caso, parece relevante, para cualquier contexto de estudio, preguntarse si podemos asumir que en cualquier grupo social distinciones de orden metafísico guían o son empleadas en sus cursos de acción. Más concreto e interesante sería pensar cuándo aparecen, en qué contextos, cómo, con qué fin, y qué efectos tienen.

En cualquier caso dudo que los investigadores de “esa cosa tan diversa” que es la ANT se sintieran cómodos con esta caracterización de su planteamiento como un nuevo animismo académico. Todo esto me lleva a otra serie de preguntas: ¿Tiene sentido hacer estas afirmaciones genéricas y grandilocuentes sobre la agencia material? ¿Qué se hace relevante para la ANT de esto? Algunas personas entienden que con esta reivindicación de la agencia material, precisamente nos adentramos a pasos agigantados en una especie de nuevo mecanicismo o un “nuevo materialismo”, como algunos han denominado a la ANT. Pero la pregunta es: ¿Es esto lo que se busca o buscaba en posiciones vinculadas con los enfoques del actor-red? Lo dudo mucho, la verdad, aunque Latour nos apabulle con sus cientos de diagramas y esquemas en los que el mundo queda contenido en sus conceptos.

Sin embargo, creo que sé de dónde puede venir el problema: Una de las cuestiones creo que tiene que ver con la reificación de la noción de actante más allá de su uso dentro de un programa semiótico, asunto al que volveré más adelante. Pero otra cuestión que lastra esta discusión desde el inicio, amén del intento por abstraer los conceptos en términos de diagramas o figuras estilizadas, quizá sea la traducción lingüística de términos como agencement o assemblage del francés al inglés (assemblage) o del francés al castellano (ensamblaje). La selección del término nos devuelve quizá una idea mecanicista de la composición del mundo, que no ha sido convenientemente tematizada, en tanto que se huye de cualquier vinculación con posturas vitalistas o subjetivistas, como un intento por escapar de algunos callejones sin salida de las ciencias sociales. En ese sentido, resulta notable y es una fuente de reflexión para esto el hecho de que en la recuperación de autores como Tarde, James, Souriau, e incluso el mismísimo Whitehead por parte de autores como Latour se borren convenientemente estas filiaciones vitalistas y pragmatistas, que otros sí mencionan de forma más explícita.

Por ejemplo, el término agencement o agenciamiento en Deleuze tiene una especificidad bastante concreta que no queda contenida en la noción de ensamblaje: supone los modos en los que se ordena o articula la vida, tratada a partir de la impersonalidad de la que surgen los modos de individuación concretos, de un modo no necesariamente ordenado y pulcro. Además, el propio Deleuze nunca utilizaba este término tal cual, sino que siempre hacía referencia a categorías en las que se agrupan los agenciamientos singulares. Por ejemplo, se distingue entre agenciamientos colectivos de enunciación (regímenes lingüísticos o, más genéricamente, simbólicos) y agenciamientos maquínicos (los modos concretos en los que se articulan los cuerpos). No cabría aquí, a mi juicio, una interpretación mecanicista, a pesar de que el tratamiento empleando toda la cantidad de diagramas de relaciones entre humanos y no-humanos por parte de Latour sea ambiguo al respecto. ¿Aunque esta ambigüedad sea útil a la hora de llevar a cabo una investigación, por su intento por evitar determinadas disquisiciones y aprioris de nuestras tradiciones intelectuales, no nos muestra un agujero negro, algo no suficientemente teorizado o considerado?

Quizá retrazar estas polarizaciones y los juegos a los que la ANT ha jugado con respecto a ellas nos permitiría quizá pensar en una serie de problemas y retos para abordar qué es la agencia y cómo tratar lo subjetivo, si es que esto tiene sentido, desde la ANT. Esto quizá nos pudiera llevar a pensar en cómo mejorar o transfigurar este espacio tan heterogéneo que es la ANT misma.

Problemas
1) ¿Tiene sentido la in/distinción humanos /no-humanos?
Partamos de la propia distinción que se quiere hacer sucumbir (sujetos vs. objetos), reformulándola a partir de una entre humanos y no humanos. Pero ¿qué sentido tiene esta nueva distinción? ¿Arregla algo? ¿En qué plano, a qué nivel? ¿Qué es un humano? ¿Qué es un no-humano? ¿Es esta distinción útil para pensar el tema de la agencia? ¿Si no podemos distinguir entre humanos y no-humanos porque siempre se dan conjuntamente, no nos llevamos muchas cosas por delante y todo parece quedar en una especie de sopa o caldo no explicable?

Más allá de que las definiciones sobre “qué es un ser humano” son enormemente complejas, la propia categoría de lo “no humano” (que en teoría serviría para desdibujar la noción mecanicista y pasiva de “objeto”) es de utilidad bastante incierta: es una categoría en la que se mezclarían desde mesas hasta perros y lagos, pasando por bacterias y teléfonos móviles.

La noción de simetría ha parecido jugar un papel curioso en esta discusión: algunas personas del ámbito STS como Lucy Suchman argumentan que deberíamos reivindicar una nueva asimetría o disimetría, en tanto que los diferentes seres tienen diferente constitución y afectan de modo diferente a cómo se componen los ensamblajes concretos. Comencemos por decir que el argumento de Lucy Suchman quizá peque de considerar que hay algo así como unas capacidades cerradas y distintivas del ser humano o de los diferentes seres. Supongo que muchas personas en la audiencia han pegado un respingo pensando: ¿Es esta una especie de nuevo “humanismo”? Lagarto, lagarto. ¡Aquí somos todos post-humanistas convencidos!

Quizá haya habido alguna confusión por el propio uso del término. En la lectura de Suchman hay una versión de la noción de simetría como una especie de igualitarismo en el orden del ser y la agencia, que por lo demás es una mala interpretación, aunque bastante frecuente, de la postura de la ANT. Sin embargo, la ambigüedad de autores como Latour sobre estas cosas quizá pueda jugar malas pasadas, porque nunca se acaba de dejar el asunto bien resuelto. Y ciertamente el asunto no está resuelto de forma definitiva, pero no sé si a veces se peca de esnobismo al intentar generar una especie de nuevo vocabulario, una suerte de esperanto metafísico, para un nuevo tipo de mundo. En cualquier caso me parece que la simetría de la que hablaba la ANT era algo distinto de esto, como un intento por dar cuenta, sin aprioris demasiado definidos (¿es o ha sido esto alguna vez posible desde el momento en que tenemos determinadas codificaciones lingüísticas?) cómo se distribuye la acción. ¿Se ha entendido la simetría un alegato sobre la igualdad a priori de la agencia de diferentes entidades? ¿Podemos pensar en entidades discretas con agencia a partir de la ANT? El problema más bien a mi juicio es: ¿tiene sentido una noción de simetría que no sea metodológica? Es decir, según la cual no es que las cosas sean iguales, sino que debemos tratarlas o explicarlas en los mismos términos para intentar evitar que no se nos cuelen interpretaciones precocinadas (aunque no haya manera de leer o interpretar desde ningún sitio).

Si cogemos uno de mis libros favoritos de Latour, su etnografía sobre ARAMIS, antes de que empezara a dedicarse a hacer más filosofía que investigación empírica, de lo que Latour habla es de cómo a través de los procesos de traducción que él detalla se van dando procesos de constitución de seres diferentes. La traducción sería un proceso de x-morfismo por el que se va dotando de forma a los seres desde la relación. Y, necesariamente, toda traducción no se da en el vacío, sino que parte de otras cosas, las retrabaja y las modifica, creando uniones con estabilidad variable.

En este texto, los diferentes modelos del sistema de transporte ARAMIS, integran o presuponen tipos de usuarios míticos que lo ocuparían, supone la delimitación de sus formas de operar. Pero a su vez, ARAMIS también es parte de todo el entramado en el que va realizándose y desrealizándose: cambia en función del dinero y los presupuestos, de las presiones y combates entre las diferentes corporaciones que trabajan en el proyecto y sus ingenieros, los responsables de instituciones públicas con diferentes orientaciones y motivaciones. También se parte de “usuarios reales”, que prueban el sistema de transporte. Se cuenta con ellos a la hora de pensar el grado de usabilidad (o facilidad de uso) que tendrá el sistema, por ejemplo, para personas mayores o para personas con discapacidad. Ciertamente no se integra a todo tipo de usuarios, sino sólo a algunos. Se establecen modelos y patrones, pero no se diseña para entes amorfos o en constante cambio, sino que se parte de un determinado tipo de condiciones y se intenta retrabajar para conseguir otras. Se construye un referente sobre el que trabajar, pero ¿quizá pudiéramos tipificar diferentes tipos de referentes?

2) ¿Tiene sentido localizar la agencia o la acción?
En cualquier caso creo que no tiene sentido en este account localizar la agencia, porque según yo he interpretado la agencia en la ANT tiene que ver con aglomeraciones de entidades actuando conjuntamente, colectivos materialmente heterogéneos, en los que la agencia se distribuye no de una forma igualitaria o según un principio de democracia paritaria. Hay que ver, en cada caso, qué se cuece.

Creo que la noción de “actante” supone una aportación bastante curiosa como un modo de pensar la acción desde un referente distinto a las teorías voluntaristas de la acción. Pero también tiene sus condiciones y sus problemas, porque no hay nada perfecto. Si no me patina la memoria la noción de “actante” es una categoría semiótica acuñada por Algirdas Greimas, que remite a las diferentes posiciones o funciones que cumple una determinada entidad en el seno de un “programa narrativo” o una trama.

Esto supone que esta categoría no permite una atribución necesariamente a priori de “capacidad de acción”, fuera del marco de la acción (las constricciones y posibilidades) descrita por el programa narrativo, por la trama o el acto de tramar. Un actante es una posición gramatical, una de las posiciones de una gramática de casos. Una varita mágica, por ejemplo, puede aparecer en la posición de sujeto, en la de complemento directo (u objeto)… Es decir, puede ser lo dador, lo dado o aquello por medio de lo que se da.

En el argumento de la ANT se hace un uso concreto de la noción de “actante”. Lo primero de todo es que se amplía su significado de la trama discursiva a la trama del mundo. En segundo lugar, un actante no necesariamente tendría que ser algo enunciable con un término o categoría lingüística previa o de nuevo cuño: podría ser “esto que se nos aparece” al operar de una determinada manera en el setting del laboratorio. Es algo que aparece cumpliendo una función, transformando el curso de acción tal y como este era previsto o preformateado. Efectivamente hablamos de procesos y de gradientes de realización y desrealización de las cosas, de cosas con formas poco estables o cambiantes., incluso a veces de entes no-enunciables que tienen efectos puntuales. Un actante, por tanto, no es necesariamente una entidad ya enunciada previamente por nuestra tradición lingüística y conceptual, ni algo con bordes bien delimitados.

No podríamos, creo yo, decir que una cosa o un objeto para los preceptos del realismo ingenuo, por ejemplo “una silla”, es un actante más allá de las regularidades detectadas en cuanto a la función que ocupa en el seno de una trama de operaciones. Pero la especificidad de esto es que no está claro cuántos actantes habrá de antemano, porque el actante es algo que cumple una función en un entramado operatorio cambiante. El número de actantes dependerá de los diferentes cursos de acción presentes en un setting dado. Y en ese setting podrá haber formulaciones no coincidentes, que no manejen el mismo referente o que lo articulen de formas distintas. A veces enunciando el mismo término en realidad hablamos de cosas distintas y esto no quiere decir que deje de tener efectos. En cualquier caso no hay manera de salirse de los procesos semióticos de operar y negociar la estabilización de entidades, que algunas veces se da sólo en el plano lingüístico y no en el práctico-organizacional. La última trayectoria de John Law y los trabajos de Annemarie Mol son extremadamente interesantes para pensar todo esto.

En cualquier caso, hechas estas precisiones sobre la noción de actante, ¿no os parece curioso que parece que no hay manera de pensar en regularidades operatorias ejercidas por un tipo concreto de seres que permiten que se construya la estabilidad de los hechos y se dote de nombre a las cosas? Parece que sólo podemos entrar en este dominio de forma negativa: pensando en colectivos como las personas ciegas o sordo-mudas, y estudios en la línea de los de Ingunn Moser o Michael Schillmeier se ven en la necesidad de incluir el aspecto sensorial, motor, lingüístico, etc. en sus accounts, pero este es un asunto que parece haber quedado fuera del mainstream de los trabajos del enfoque ANT.

3) ¿Si la agencia no es localizable a priori, tiene sentido la categoría de sujeto, subjetividad o self?
En cualquier caso, ciertamente un asunto que ha resultado ampliamente problemático para las ciencias sociales es que las diferentes facetas que la noción de agencia cubre se han invocado como criterio para pensar diferentes modos de distinción ontológica entre seres y para sentar jurisprudencia a partir de ellos. Todos podemos recitar fácilmente cómo se han construido y se siguen construyendo órdenes y escalas jerárquicas del ser en función de criterios de raza, género, desarrollo ontogenético, dis/capacidades, etc. Así como podemos pensar en los innumerables efectos atroces que esto ha tenido.

Como decía me parece que la ANT huye de todo esto, en tanto que le interesa más bien describir los procesos por los que se configuran ensamblajes de los que se derivan todas estas cuestiones. O al menos creo que en su espíritu de análisis desde trabajos empíricos no hay intento por localizar a priori la agencia, aún cuando existan ciertas condiciones de posibilidad concretas para que las cosas funcionen de una determinada manera según enmarquemos la acción de nuestros diferentes casos de estudio. Pero también en ese enmarcado juega la construcción teórica de nuestros objetos de investigación. Como decía antes, parece que algunas otras disciplinas, teorías o conglomerados teóricos en los que nos pudiéramos apoyar nos permitirían hablar de diferentes condiciones de posibilidad en esta articulación heterogénea. Y no pocas de estas remiten a condiciones psicobiológicas que siempre parecen quedar no-teorizadas. La pregunta acuciante aquí, pues, es: ¿cuáles son estas condiciones de posibilidad? ¿Dependen del caso concreto o podemos aspirar a alguna generalidad? ¿No podemos asumir que algunas de estas enmarcaciones son útiles en algunos contextos? ¿No deberíamos estudiarlas para ver qué circula por ahí?

El reto que se nos plantea, en cualquier caso, si la agencia es una cuestión relacional, heterogénea y múltiple, es doble: ¿cómo poder dotar de inteligibilidad a las condiciones de posibilidad de cada tipo de ensamblaje concreto sin perder de vista los efectos políticos de cualquier distinción que hagamos?

Esto abre todo un rango de preguntas de enorme interés:
¿Por qué la ANT es tan pobre en su tratamiento, precisamente, del polo de lo subjetivo y lo orgánico? Parecen desaparecer en sus accounts consideraciones sobre las habilidades, la sensorialidad, la operatoriedad manual, la competencia simbólica, la pragmática y retórica del discurso.

Una primera pregunta es: ¿Tiene sentido para la ANT hablar a partir de categorías problemáticas como sujeto o self, en tanto que entidades que han estado ampliamente conectadas con los usos políticos de la agencia? Cierto que estas distinciones son y han sido siempre problemáticas, pero ¿no lo son o lo son menos las que hace la ANT? ¿Podemos encontrar algún criterio, según el cuál poder hacer distinciones por mucho que no haya criterios puros ni problemáticos, sino siempre revisables?
Una segunda pregunta es: ¿podríamos retraducir todas estas cuestiones a partir del lenguaje de la sociología de la traducción? ¿Cuál es nuestro papel como analistas a la hora de describir estos procesos? ¿Resuelve la ANT algo o habría que reconfigurarla para incluir todas estas cuestiones?

Ciertamente esta es sólo una manera, apresurada y atropellada, de abrir la discusión. Estoy convencido de que las aportaciones de los miembros de la mesa muy seguramente serán mucho más pertinentes y acertadas que las mías. Y paso sin más dilación a presentaros a los ponentes:

1. Rubén Gómez Soriano investigador a caballo entre la Universidad Autónoma de Madrid y la UNED, que trabaja en el ámbito de la primatología crítica, tanto sobre sus usos políticos para la configuración de antropologías humanas como en la articulación de mejores modos de estudio de los primates.

2. Arthur A.L. Ferreira, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, que trabaja en el ámbito de la epistemología y la historia de la psicología, analizando especialmente la producción de subjetividades en la psicoterapia y las configuración de relaciones humanos-animales en la etología.

3. Carmen Romero Bachiller, profesora en la Universidad Complutense de Madrid, que trabaja en múltiples líneas de indagación sociológica sobre las tecnologías identitarias, especialmente en lo referente a la construcción de subjetividades en términos de raza y sexo/género.

4. Irene Olaussen, investigadora de la Universidad de Oslo y que hoy nos hablará en inglés aunque entiende y habla castellano, que trabaja en el estudio de las tecnologías para y las políticas sobre la discapacidad, especialmente en lo referente a la sordera.’

También os dejo por aquí algunas fuentes bibliográficas que quizá pudieran útiles para explorar el tratamiento de la agencia y la subjetividad en entornos cercanos la ANT:

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    Un comentario en “Teoría del actor-red y agencia

    1. Esta muy interesante la ponencia Tomas.

      Una consulta? Se realizara el II Encuentro ANT este a@o?
      Esto te lo pregunto para ir planificando. Ya que en el ultimo me he quedado con las ganas de asistir..

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