Teoría del actor-red y biopolítica

A continuación reproduzco mi intervención en el “I Encuentro ANT. Presente y futuro de la teoría del actor-red.” En ella intento mostrar que si la TAR desea adquirir volumen político en sus explicaciones necesita encontrarse con la noción de biopolítica. De este encuentro saldría un embrollo interesante para analizar un presente dominado por las innovaciones tecnológicas centradas en la gestión de lo vivo.

“Una de las críticas a la teoría del actor-red que se ha vuelto recurrente en las últimas décadas es la que plantea que esta práctica de la ciencia social carece de proyecto político o fundamento ético. Es decir, la sociología de las asociaciones es recusada por constituir un planteamiento completa y exclusivamente descriptivo. Tal cuestionamiento siempre me ha sorprendido, por una razón muy sencilla: desde que era un estudiante de doctorado, como la mayoría de vosotros y vosotras, y me interesé por la teoría del actor-red, me pareció que estaba ante un proyecto medularmente político. Permitidme que me tome un minuto para explicar la razón.

En primer lugar, si se recorren los trabajos de un modo muy superficial y meramente en diagonal, de autores como Bruno Latour, Michel Callon o John Law, por citar tres de los más reconocidos, ya sorprende que sus escritos están plagados de palabras como “cosmopolítica”, “ecología política”, “máquinas políticas”, “participación”, “foros híbridos”, etc. En suma, en esos escritos se respira, cuando menos, una atmósfera de referencia e interés por lo político que desde luego no aparece en otro tipo de trabajos y tendencias más canónicas dentro de las ciencias sociales.

Pero en segundo lugar, creo que se pueden mencionar varias razones específicas y menos generales por las que la sociología de las asociaciones es un proyecto político. Concretamente hay tres:

-La primera es que esta perspectiva ya nace con un interés político. Recordad que en sus primeras formulaciones, los autores que he mencionado tenían un proyecto muy claro: mostrar cómo la ciencia y la tecnología eran dos dimensiones tremendamente poderosas en nuestro presente. Para hacer tal cosa mostraron cómo se establecían circuitos de relaciones de poder a través de los puntos de paso obligados o como los científicos en sus laboratorios hacían política utilizando pipetas, proteínas, aceleradores de electrones, etc. Es decir, componían el mundo que vivimos, hacían lo que Miquel ha denominado cosmopolítica. Mostraron, en palabras de Isabell Stengers, cómo la ciencia creaba la invención del poder de conferir a las cosas el poder de conferir al experimentador el poder de hablar en su nombre, y cómo esto ha transformado el presente en el que vivimos.

-La segunda, estrechamente relacionada con esta primera, tiene que ver con el hecho de que la teoría del actor-red se muestra en sus explicaciones como un dispositivo con dos conjuntos de procedimientos de trabajo e interés. Por un lado hace visible el despliegue de actores y relaciones. Muestra cómo se construyen redes con actores de muchos tipos. Creo que esta dimensión es la versión más popular y conocida de la ANT. Pero también una caricatura de este proyecto porque hay un segundo nivel de interés en el que se pretende hacer visible cómo se unifica, mejor dicho, qué mecanismos de unificación intervienen para que lo colectivo constituya un mundo común en el que vivirán todos los actores sujetos a una unificación concreta. Creo que este plano es el más interesante de la ant y donde residen, en mi opinión, sus aportaciones más originales en las ciencias sociales. Todos los trabajos sobre generalización, estandarización, la aparición de regímenes colectivos de práctica y enunciación estarían dentro de esta dimensión.

– La tercera razón que quiero mencionar está vinculada a lo que han mencionado Ana e Israel cuando han hablado de ecología política y no humanos en la política. Me refiero a que las explicaciones ant se han abierto y han apostado por lo que Latour denomina cuestiones de interés frente a cuestiones de hecho. Esta perspectiva ha ofrecido una arena, un foro, un espacio para discutir cómo los colectivos en los que vivimos están constituidos a partir de cuestiones de interés y se ha preocupado por los procedimientos que cierran y estabilizan estas cuestiones de interés y las convierten en cuestiones de hecho. Y aquí volveríamos a la segunda razón que acabo de mencionar.

En definitiva, la ANT ha mostrado que investigar es siempre hacer política en el sentido de que la investigación compone aquello de lo que el mundo común está hecho y, si se quiere, suma elementos y miradas para esa composición. Lo que, evidentemente, no nos dice la ant es qué tipo de recolección y qué tipo de composición se necesita. Esto lo deja en manos del investigador y del escrutinio público. (para algunos autores esta falta de posicionamiento es un problema)

Hasta aquí mi intervención ha sido una pequeña defensa o aclaración de cómo interpreto la relación entre ant y política. Y ahora quiero manifestar una pequeña insatisfacción. Para ello, permitidme que os lea dos brevísimos afirmaciones de Bruno Latour, están sacadas del libro Reassembling the social: En la primera afirma que la sociología de las asociaciones es idéntica a lo que Laurent Thévenot denomina ciencia del vivir-juntos. Y en la segunda nos dice: “Cuando se extiende la variedad de entidades, las nuevas asociaciones no conforman un ensamblaje en el que es posible vivir. Es aquí donde reingresa la política en escena si queremos definirla como la intuición de que las asociaciones no bastan, que también deben ser compuestas para diseñar un mundo o un vivir común.”

El denominador común de estas dos afirmaciones es la instancia “vida”. La sociología de las asociaciones, como todos los enfoques en las ciencias sociales, se enfrenta al desafío de explicar cómo se componen mundos y vidas comunes. Y como reconoce Latour, si queremos enfrentarnos al desafío de la dimensión política y no ser simplistas no podemos quedarnos en el plano de las meras asociaciones, de la mera suma de actores, actantes y relaciones. Hay que entender, explicar y comprender cómo esas asociaciones se convierten en formas de vida, en redes habitables. Una asociación, un actor-red, que tenga cierta estabilidad no es más que una manera de vivir, un modo de vida, fácil de llevar o insoportable… Por tanto, cuando hablamos de cosmopolítica o ecología política como composiciones de un cosmos compartido en el que humanos y no humanos están articulados, me quedo con cierta insatisfacción. Tengo la sensación de estar en ese plano meramente descriptivo que mencionaba hace un instante. Pienso que un cosmos común que habitamos conjuntamente es más que un tipo de cosmopolítica. Es un mundo lleno de diferencias cuantitativas y cualitativas, con matices, con zonas de indeterminación, etc. Es, en realidad, un mundo o un modo de habitar biopolítico. Creo que la teoría del actor-red necesita recuperar o encontrarse con la noción de biopolítica. Sé que está muy desgastada por la moda, por la tremenda popularidad de Foucault, sé que ahora todo el mundo habla de biopolítica. No obstante, la recuperaría, introduciendo algún matiz diferencial, porque considero  que enriquece la perspectiva de la ant.

Cuando el sueco Rudolph Kjellen acuñó el término biopolítica a principios del siglo XX, éste aparece con una ambigüedad calculada. La biopolítica hace referencia a la política de la vida y a la política sobre la vida. Algunos autores italianos, por ejemplo Roberto Esposito, han mostrado muy bien como esa ambigüedad afecta y permanece en toda la obra de Foucault (y seguidores como Nikolas Rose) y han intentado resolverla subsumiendo el concepto en nociones de otro nivel, con otro calado, como el de inmunidad. Yo creo que la solución es más sencilla. Se puede hacer una lectura de la biopolítica, sin traicionar el espíritu o la intención de este autor sueco,  que consistiría en entender la biopolítica como una política no de la vida ni sobre la vida, sino tras la vida. Sé que esto parece un juego de palabras, pero no lo es. La biopolítica como terreno en el que la vida y lo político se tornan indiscernibles y se articulan en una totalidad con sentido, admite una conceptualización que vaya más allá de pensar que hablamos de una política ejercida desde lo vivo o sobre y contra lo vivo. La biopolítica puede ser política tras la estela que deja la vida. En ese sentido, entiendo el concepto como una reflexión sobre la conformación de modos de vida, sobre la forma que adquiere lo vivo para ser vivible colectivamente. Una reflexión sobre los elementos, pautas, mecanismos, etc. que hacen que lo vivo como mera potencia cristalice en algo donde nos encontramos y podemos convivir. Asumiendo, eso sí, que la vida siempre desbordará estas articulaciones, que lo político siempre irá detrás del devenir de lo vivo.

Creo que el encuentro entre la ant y la biopolítica sería rico y saludable para ambas perspectivas. Generaría un embrollo interesante. Ambas renunciarían a alguna de sus actuales formulaciones, por supuesto, y ambas se redimensionarían. Por ejemplo:

-La biopolítica perdería generalidad, perdería esa vaguedad que tiene en algunos autores, se tornaría concreta, tendría que aterrizar en los detalles y procedimientos de la vida cotidiana. Se convertiría en un examen de los mecanismos micrológicos y minúsculos que permiten que aparezca un mundo común o lo impiden.

-Además, prestaría atención, en tales procederes, a dimensiones como lo tecnológico (sé que ya hay excepciones, Haraway y su noción de tecnobiopoder es una muy conocida)

-Por otro lado, la ant conseguiría salir del plano achatado y simplista de la cosmopolítica para entrar en un mundo de microdiferencias cualitativas, indeterminaciones, devenires, etc., que no se puede aprehender simplemente describiendo sumas de relaciones.

– En ese sentido, la ant tal vez se vería obligada a enriquecer sus conceptos, a veces tan mecánicos, físicos y determinados, para trabajar con otros que tendrían que enfrentarse al desafío de aprehender la dinámica de lo vivo, sus quiebros, sus articulaciones en modos de vivir, etc. Así, desde hace tiempo creo que resultaría interesante sumar a la caja de herramientas de la ant elementos como la noción de permeabilidad, para hablar de límites o barreras que se tornan transitables bajo algunas condiciones e infranqueables bajo otras, que permite el paso de unos elementos y la selección de otros, etc.; o, por ejemplo, rescatar la interesantísima tensión entre cuerpo y carne. Entendiendo que el cuerpo es un organismo, un dispositivo de intercambio entre partes, que se coordina con otros organismos,  que tiene funciones, que se unifica, cierra e identifica; mientras que la carne se dispersa, se abre, se altera, se expropia y se mezcla con otras carnes. La carne desafía al cuerpo y lo abre a su afuera, lo expropia y desidentifica.  La carne posibilita la apertura del mundo, hace que éste deje de ser externo y lejano a mí, la carne es una bisagra entre lo exterior y lo interior. La carne es mediación, centrífuga y transgresiva.

En definitiva, y para no alargar mucho más mi intervención, quiero vindicar la conexión entre ant y biopolítica porque entiendo que rastrear y explicar asociaciones supone analizar y comprender cómo éstas se tornan, o no, modos de vida, por dónde se deshilvanan tales modos y cómo son capaces de reconstituirse. En definitiva, vindico un poco de atención a cómo la política se arrastra tras la vida. Y no entiendo esta afirmación como una metáfora más o menos poética, la asumo como una condición o necesidad ontológica.”

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