Stengers | Ciencia y valores

[VERSIÓN CORREGIDA | 8.7.2014]

Ando dándole vueltas a cómo Stengers pudiera ayudarnos a pensar las “colaboraciones experimentales“. Por ello, me he embarcado en una traducción apócrifa de algunos pasajes de Stengers, I. (2013). Science et valeurs : comment ralentir?. In Une autre science est possible ! Manifeste pour un ralentissement des sciences suivi de Le poulpe du doctorat (pp. 51-82). Paris: La Découverte/Les Empêcheurs de Penser en Rond.

Gracias a José Carlos Loredo por su ayuda revisando los fragmentos traducidos para mejorar su legibilidad.

https://i1.wp.com/ecx.images-amazon.com/images/I/510rHJZQm3L._SY300_.jpg

Los pasajes están seleccionados y divididos por bloques temáticos.

Carácter exigente del experimento / expansión a otros dominios más allá de las ciencias experimentales / diferencia entre logro en ciencias experimentales y sociales

“[…] Subrayar el carácter extremadamente exigente de lo que supone el éxito de un experimento [réussite expérimentale] no es confirmar el privilegio del que ya se benefician las ciencias experimentales, ‘duras’ por definición, sino liberar el espacio para otros tipos de éxito que prolonguen el éxito de un experimento, pero reinventándolo, asociándolo a otro tipo de condiciones. Esas otras condiciones no debieran ser ‘blandas’, sino tan exigentes como las experimentales –aunque exigiendo otra cosa-” (pp.65-66)

“[…] Una perspectiva que llamaremos ‘pragmática’ pudiera, por tanto, sustituir a la noción de ‘visión científica’ del mundo, de un mundo concebido bajo el modelo de lo que exige el éxito de un experimento: en el fondo indiferente, en efecto complicado, pero no proponiendo más que un sólo tipo de éxito, a saber, el descubrimiento del ‘buen punto de vista’ que permite hacerse ‘buenas preguntas’ a partir de las cuales el follón de las observaciones empíricas pueda hacerse inteligible […] Una aproximación pragmática prestará, sin embargo, la mayor de las atenciones a esta diferencia que supone que las condiciones del éxito de un experimento puedan ser cuestionadas [mettre en cause].” (p. 66)

“[…] Pragma significa ‘asunto’ [affaire], y el asunto de los científicos es siempre el de la puesta en relación, el de la creación de una relación con otros seres, que busca obtener una respuesta a una pregunta de esos otros seres. Pero hay muchos tipos de puestas en relación de ese tipo –relaciones por ejemplo bajo el signo de la seducción, de la tortura, de la investigación estadística…–. Si, como propongo, llamamos ‘ciencias modernas’ a las prácticas colectivas que reunen a ‘colegas competentes’ en torno a una puesta en relación exitosa con quien es interrogado, esa relación debiera ser tal que permitiera a los colegas aprender acerca de lo que estudian. En otros términos, esa relación, para tener un valor ‘científico’ que prolongue los valores del éxito de un experimento, debería solicitar que quien es interrogado tenga la capacidad de poner en aprietos [mettre en risque] la pregunta que se le ha lanzado” (pp. 66-67)

“[…] Es únicamente a través de protagonistas ‘recalcitrantes’, que exigen que aquello que les importa sea reconocido y tomado en consideración en la manera de dirigirse a ellos, como se puede crear una relación susceptible de reivindicar un valor científico” (p.67)

“Pero mientras que arriesgarse [la mise en risque] en las ciencias experimentales exige la indiferencia de quien es interrogado por la pregunta, en las ciencias sociales exigiría sin embargo su no-indiferencia –no desde luego su derecho a dictar a los científicos cómo quieren ser descritos, sino su capacidad de evaluar la pertinencia de la puesta en relación propuesta. Así, está claro que lo que el ‘sociólogo latouriano’ relatará a sus colegas será diferente de lo que relate un experimentador en al menos tres puntos. Para empezar, no podrá tratarse de hechos respecto a los cuales pretenda tener el poder de imponer su propia interpretación, siendo los colegas sus verificadores […]. Asimismo, los colegas no serán convocados a reunirse en una dinámica colectiva en la que cada puesta en relación lograda abra o cierre nuevas posibilidades de puesta en relación. Y estarán, por último, tan poco unidos que la publicación de quien la ha logrado no les tendrá como únicos destinatarios. De hecho, un logro de este tipo es susceptible de interesar a mucha gente y, si falla, de transformar la manera en que los sociólogos serán acogidos y puestos a prueba por otros grupos” (p.68)

Del “saber sobre” al “saber entre” / Descolonización del pensamiento como ocasión de aprendizaje y no sólo de culpa-heroismo

“La ‘ralentización’ de las ciencias no es una respuesta a las diferencias que debemos establecer entre ciencias, sino que es la condición sine qua non para una respuesta, esto es, también para las prácticas de evaluación que reúnen a los colegas en torno a una forma de hacer liberada del modelo acumulativo que trata el mundo considerándolo como dado. Nuestros mundos requieren de otro tipo de imaginación que el ‘pero entonces eso debiera…’ o el ‘y por tanto eso podría…’. Y la pluralidad de estas demandas podría bien responder a una pluralidad de dinámicas de aprendizaje colectivo, poniendo en juego lo que significa, para cada ciencia, una puesta en relación arriesgada”. (pp. 69-70)

“Tomaría como caso prometedor la manera en que ciertos etnólogos han aprendido a desplegar lo que tal puesta en relación supondría, en tanto se han arriesgado a cortar amarras con el anclaje que asegura la diferencia estable entre el etnólogo y aquellos a los que interroga. Lo que han relatado es menos un saber ‘sobre’ que un saber ‘entre’, un saber indisociable de la transformación misma del investigador cuyas cuestiones han sido puestas a prueba por otras maneras de dotar de importancia a las cosas, los seres y las relaciones. Y es en la medida en que esa transformación les concierne a todos, con sus riesgos y peligros, que los colegas son ‘competentes’, es decir, interesados en primer lugar por lo que uno de ellos ha aprendido, los límites con los que ha tropezado, la manera en que ha podido negociar o reconocer el sentido, pero también la manera en que ha sido forzado a posicionarse, a aceptar que su manera de pensar, de escuchar y de anticipar le sitúa. Es eso que Eduardo Viveiros de Castro denomina un proceso de ‘descolonización del pensamiento’; pero mi aproximación me lleva a pensar este proceso no con connotación de culpa ni de heroísmo, sino en términos de aprendizaje –el etnólogo puede tener viva la memoria del denso vínculo entre la etnología y la colonización, pero no es esto lo que le hará capaz de aprender de aquellos que acepten acogerle” (p.70)

Permitir que cada uno se exprese en sus términos y evalúe desde sus términos / Las ciencias sociales no serán nunca amigas del estado / Extensión de la democracia

“[…] Imaginemos unas ciencias sociales ‘desamalgamadas’ de las ciencias camerales, afirmando el carácter altamente selectivo de sus logros, la necesidad de que aquellos a los que se dirigen, a propósito de quienes tratan de aprender, estén habilitados para evaluar la manera en que se dirigen a ellos y que eso ocurra, sin embargo, sin ‘capturar’ al investigador, convirtiéndolo en un portavoz. Esta doble condición responde a un agenciamiento simbiótico. Tanto el investigador ‘de visita’ como aquellos que lo acogen deben ser capaces de aceptar no capturar al otro y, gracias a esta condición, serán susceptibles de aprender, pero de un modo diferente, en función de lo que les es relevante. Pero lo que requieren las ciencias sociales es también lo que requiere eso que llamamos democracia, si por ella entendemos una dinámica colectiva que permita a aquellos concernidos por una cuestión hacerse capaces de no aceptar o defender una formulación precocinada” (p.76)

“La gobernanza [la gouvernance] en sí misma, y sus ciencias camerales, no tienen los medios de plantearse la cuestión de qué sería una evaluación pertinente, puesto que la pertinencia no es su propósito. Dejadas a ellas mismas, percibirán toda situación con sus propias categorías: ‘debe poder ser evaluado’. La posibilidad de una respuesta que no sea defensiva (¡nada de evaluación!) exige la negociación de convenciones y estas negociaciones exigen la ‘recalcitrancia’, la capacidad para los grupos concernidos de formular lo que cuenta para ellos, lo que deberá tomar en consideración la evaluación –lo que constituirá una ‘convención’ aceptable.No nos equivoquemos, la cuestión ‘¿cómo queremos ser evaluados?’ no es una verdadera prueba que exija la dinámica colectiva de capacitación [habilitation] que he asociado con la democracia. Y es ahí, evidentemente, donde las ciencias sociales podrían a la vez aprender y dar valor a sus saberes en un entorno donde no constituirían una autoridad sino un recurso. No ‘contra’ la gobernanza, sino en un modo que active las posibilidades de resistir a la captura cameral. Entre las ciencias sociales y el Estado no debiera haber antagonismo, pero tampoco colaboración únicamente. Sólo un vínculo que tuviera la misma precariedad que la definición misma del ‘Estado democrático’, uniendo dos maneras de hacer que las cosas importen que serían cada una la pesadilla de la otra. Las ciencias sociales no serán jamás las amigas del Estado, puesto que sus logros están destinados a complicarle la vida. Pero la manera en que el Estado escucha y anticipa, o al contrario sufre o a lo mejor tolera esta complicación es una medida de la efectividad de su relación con eso que llamamos democracia.” (pp. 77-78)

“[…] Las ciencias funcionan por extracción, y si hay procesos de aprendizaje, éstos suelen apoyarse en la extracción de aquello que, situado aquí, es susceptible de ser relatado en otro lado. Es la manera en que se han ligado extracción y modernización donde se plantea el problema, lo que transforma la pregunta ‘¿qué podemos aprender aquí?’ en un principio de juicio que identifica lo que ha sido extraído con lo que importa verdaderamente y el resto con un caparazón de creencias y hábitos parásitos. Disolver este vínculo requiere de una verdadera prohibición: que nadie pueda estar autorizado a definir ‘lo que importa verdaderamente’. Esta prohibición no es moral, sino la condición de una cultura de la simbiosis, de una cultura en que cada protagonista tenga la capacidad de presentarse con lo que le importa y de saber que lo que aprenderá del otro quedará comprendido entre las respuestas a las cuestiones que para él importan. Cuestiones cuyo valor remite, entonces, a la pertinencia, condición para que la respuesta no sea arrebatada, puesto que es precisamente la pertinencia la que prohíbe el sueño de la extracción de aquello que es ‘verdaderamente importante’. Uno no se adueña de aquello de lo que depende. Si aquello que hace existir al otro con su consistencia propia es lo que le permite su recalcitrancia, y si ésta es la condición del aprendizaje de lo pertinente, el sueño en cuestión no remite a la aventura de las ciencias modernas, sino a los felices tiempos de las colonias: cuando los pueblos eran, junto a todo lo otro, aquello de lo que se debía extraer lo que nos permitiría ‘progresar’, a partir de la ocurrencia de decir ‘ellos creen / nosotros sabemos’.” (p. 80)

“[…] ralentizar es volver a ser capaces de aprender, de conocer con, de reconocer eso que nos sostiene y permite tener, pensar e imaginar. Y, en ese mismo proceso, de crear con los otros relaciones que no sean de captura; es, por tanto, crear entre nosotros y con los otros el tipo de relación que conviene a los enfermos, que tienen necesidad unos de otros para reaprender los unos con los otros, gracias a los otros, lo que supone una vida digna de ser vivida, saberes dignos de ser cultivados” (p.82)

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Un comentario en “Stengers | Ciencia y valores

  1. Pingback: Stengers: Ciencia y Valores (Networks & Matter) | Uma (in)certa antropologia

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