Despret: “Tener un cuerpo es aprender a afectarse”

Pensando en el activismo encarnado y la relación con la experiencia, creo que puede ser enormemente útil algunos de estos fragmentos de Despret que traduzco para activar el debate…

La postura que caracteriza a Despret y su particular lectura de William James (en castellano véase también el texto “El cuerpo de nuestros desvelos: Figuras de la antropozoogénesis“, incluído en el volumen 1 de la compilación Tecnogénesis) fue resumida brillantemente por Latour en un texto conmemorativo de la postura de Stengers-Despret (titulado How to talk about the body?): “[…] tener un cuerpo es aprender a afectarse, esto es a ‘efectuarse’, a ser movido, puesto en movimiento por otras entidades, humanas o no humanas”(p. 205, traducción propia).

Despret, V., & Galetic, S. (2007). Faire de James un “lecteur anachronique” de Von Uexküll: esquisse d’un perpectivisme radical. In D. Debaise (Ed.), Vie et Expérimentation: Peirce, James, Dewey (pp. 45–76). Paris: Vrin.

“[…] apelamos a [William] James y le reclutamos como lector anacrónico del naturalista [Von Uexküll]: él nos permite prolongar el interés de la práctica de von Uexküll, seguir los actos que crean los accesos a los mundos, que tejen la continuidad de las experiencias, sin recurrir a principios que escaparían a toda experiencia. Al subjetivismo que parecía imponer en teoría lo sustituimos por lo que llamamos un perspectivismo radical” (p.53)

“[La perspectiva] es a la vez una manera de ser afectado –esto es, cómo el mundo me toca–, una disponibilidad a ‘hacerse afectar’ –esto es, las pasiones que tengo que acoger– y una afectación voluntaria –esto es, éste es el mundo que querría habitar–. Es del orden del sentir como del actuar; cada una de estas vías nos conducirían al mismo punto de convergencia: el mundo es una perspectiva del cuerpo” (pp.56-57)

“El perspectivismo se reencuentra con el mundo que el subjetivismo había extraviado: nuestro cuerpo merece nuestra confianza. Porque él confía en el mundo; porque las cosas del mundo no son inertes, sino que actúan sobre él, porque le tocan en lo más íntimo, porque reivindican una importancia y una significación; porque el cuerpo es, sin duda, el que más puede reconocer ‘esa vida pública de las cosas’, esa actualidad presente por la que ellas nos confrontan [cita a W. James]’” (p.59)

“[…] Es a partir de la construcción de una comunidad de experiencia que cada cosa que experimentamos puede convertirse en mundo común” (p.61)

“La perspectiva no puede confundirse con el punto de vista: lugar de paso, promontorio [surplomb] transitorio. Estamos en el interior de un domus, por lo que se plantea la cuestión de cómo amueblarlo; y son las puertas que nos hemos dejado abiertas las que constituyen la perspectiva. De ahí el rol que pudiéramos atribuir al conflicto: el de ser una pragmática de la perspectiva. Un rol doble, de hecho: por una parte el de multiplicar las perspectivas; por otra, el de discriminarlas en función de su capacidad de acogida – ¿Estaremos bien ‘en casa’? ¿Con qué seres? ¿Qué debemos dejarnos fuera? Entonces, multipliquemos las perspectivas: porque qué hace el conflicto si no poblar la escena de actores, naturalezas, fragmentos del universo y dejarlos desplegar sus propuestas” (pp. 66-67)

“Tantos afectos, tantos mundos. Con el conflicto [la polémique] no son tanto sistemas explicativos lo que se pone en juego, sino proposiciones de mundos a habitar, mundos afectados: perspectivas que están en conflicto [la polémique]” (p.68)

“[La perspectiva] es una actitud, es decir, una disposición a ser afectado y una manera de afectar. […] El mundo es una perspectiva del cuerpo. Porque es de él del que todo parte y al que todo vuelve. Él es a través del que el mundo nos toca. Él es el que, actuando, constituye un mundo común. Él es el garante de nuestra confianza. Una perspectiva […] es una manera de habitar el mundo” (p.70)

“[…] la perspectiva es el lugar a partir del cual el mundo se hace nuestro. […] Es a partir de las acciones, es decir, de las relaciones particulares que mantenemos con las cosas de la realidad, relaciones en las que esas cosas nos confrontan, que constituimos un mundo común” (p.71)

“El mundo común se constituye a la vez en el compartir y en la multiplicación de intereses o, más bien, debiéramos decir acción a acción” (p.74)

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Para profundizar en su obra en castellano puede leerse la siguiente recensión crítica en AIBR.

Stengers | Ciencia y valores

[VERSIÓN CORREGIDA | 8.7.2014]

Ando dándole vueltas a cómo Stengers pudiera ayudarnos a pensar las “colaboraciones experimentales“. Por ello, me he embarcado en una traducción apócrifa de algunos pasajes de Stengers, I. (2013). Science et valeurs : comment ralentir?. In Une autre science est possible ! Manifeste pour un ralentissement des sciences suivi de Le poulpe du doctorat (pp. 51-82). Paris: La Découverte/Les Empêcheurs de Penser en Rond.

Gracias a José Carlos Loredo por su ayuda revisando los fragmentos traducidos para mejorar su legibilidad.

https://i1.wp.com/ecx.images-amazon.com/images/I/510rHJZQm3L._SY300_.jpg

Los pasajes están seleccionados y divididos por bloques temáticos.

Carácter exigente del experimento / expansión a otros dominios más allá de las ciencias experimentales / diferencia entre logro en ciencias experimentales y sociales

“[…] Subrayar el carácter extremadamente exigente de lo que supone el éxito de un experimento [réussite expérimentale] no es confirmar el privilegio del que ya se benefician las ciencias experimentales, ‘duras’ por definición, sino liberar el espacio para otros tipos de éxito que prolonguen el éxito de un experimento, pero reinventándolo, asociándolo a otro tipo de condiciones. Esas otras condiciones no debieran ser ‘blandas’, sino tan exigentes como las experimentales –aunque exigiendo otra cosa-” (pp.65-66)

“[…] Una perspectiva que llamaremos ‘pragmática’ pudiera, por tanto, sustituir a la noción de ‘visión científica’ del mundo, de un mundo concebido bajo el modelo de lo que exige el éxito de un experimento: en el fondo indiferente, en efecto complicado, pero no proponiendo más que un sólo tipo de éxito, a saber, el descubrimiento del ‘buen punto de vista’ que permite hacerse ‘buenas preguntas’ a partir de las cuales el follón de las observaciones empíricas pueda hacerse inteligible […] Una aproximación pragmática prestará, sin embargo, la mayor de las atenciones a esta diferencia que supone que las condiciones del éxito de un experimento puedan ser cuestionadas [mettre en cause].” (p. 66)

“[…] Pragma significa ‘asunto’ [affaire], y el asunto de los científicos es siempre el de la puesta en relación, el de la creación de una relación con otros seres, que busca obtener una respuesta a una pregunta de esos otros seres. Pero hay muchos tipos de puestas en relación de ese tipo –relaciones por ejemplo bajo el signo de la seducción, de la tortura, de la investigación estadística…–. Si, como propongo, llamamos ‘ciencias modernas’ a las prácticas colectivas que reunen a ‘colegas competentes’ en torno a una puesta en relación exitosa con quien es interrogado, esa relación debiera ser tal que permitiera a los colegas aprender acerca de lo que estudian. En otros términos, esa relación, para tener un valor ‘científico’ que prolongue los valores del éxito de un experimento, debería solicitar que quien es interrogado tenga la capacidad de poner en aprietos [mettre en risque] la pregunta que se le ha lanzado” (pp. 66-67)

“[…] Es únicamente a través de protagonistas ‘recalcitrantes’, que exigen que aquello que les importa sea reconocido y tomado en consideración en la manera de dirigirse a ellos, como se puede crear una relación susceptible de reivindicar un valor científico” (p.67)

“Pero mientras que arriesgarse [la mise en risque] en las ciencias experimentales exige la indiferencia de quien es interrogado por la pregunta, en las ciencias sociales exigiría sin embargo su no-indiferencia –no desde luego su derecho a dictar a los científicos cómo quieren ser descritos, sino su capacidad de evaluar la pertinencia de la puesta en relación propuesta. Así, está claro que lo que el ‘sociólogo latouriano’ relatará a sus colegas será diferente de lo que relate un experimentador en al menos tres puntos. Para empezar, no podrá tratarse de hechos respecto a los cuales pretenda tener el poder de imponer su propia interpretación, siendo los colegas sus verificadores […]. Asimismo, los colegas no serán convocados a reunirse en una dinámica colectiva en la que cada puesta en relación lograda abra o cierre nuevas posibilidades de puesta en relación. Y estarán, por último, tan poco unidos que la publicación de quien la ha logrado no les tendrá como únicos destinatarios. De hecho, un logro de este tipo es susceptible de interesar a mucha gente y, si falla, de transformar la manera en que los sociólogos serán acogidos y puestos a prueba por otros grupos” (p.68)

Del “saber sobre” al “saber entre” / Descolonización del pensamiento como ocasión de aprendizaje y no sólo de culpa-heroismo

“La ‘ralentización’ de las ciencias no es una respuesta a las diferencias que debemos establecer entre ciencias, sino que es la condición sine qua non para una respuesta, esto es, también para las prácticas de evaluación que reúnen a los colegas en torno a una forma de hacer liberada del modelo acumulativo que trata el mundo considerándolo como dado. Nuestros mundos requieren de otro tipo de imaginación que el ‘pero entonces eso debiera…’ o el ‘y por tanto eso podría…’. Y la pluralidad de estas demandas podría bien responder a una pluralidad de dinámicas de aprendizaje colectivo, poniendo en juego lo que significa, para cada ciencia, una puesta en relación arriesgada”. (pp. 69-70)

“Tomaría como caso prometedor la manera en que ciertos etnólogos han aprendido a desplegar lo que tal puesta en relación supondría, en tanto se han arriesgado a cortar amarras con el anclaje que asegura la diferencia estable entre el etnólogo y aquellos a los que interroga. Lo que han relatado es menos un saber ‘sobre’ que un saber ‘entre’, un saber indisociable de la transformación misma del investigador cuyas cuestiones han sido puestas a prueba por otras maneras de dotar de importancia a las cosas, los seres y las relaciones. Y es en la medida en que esa transformación les concierne a todos, con sus riesgos y peligros, que los colegas son ‘competentes’, es decir, interesados en primer lugar por lo que uno de ellos ha aprendido, los límites con los que ha tropezado, la manera en que ha podido negociar o reconocer el sentido, pero también la manera en que ha sido forzado a posicionarse, a aceptar que su manera de pensar, de escuchar y de anticipar le sitúa. Es eso que Eduardo Viveiros de Castro denomina un proceso de ‘descolonización del pensamiento’; pero mi aproximación me lleva a pensar este proceso no con connotación de culpa ni de heroísmo, sino en términos de aprendizaje –el etnólogo puede tener viva la memoria del denso vínculo entre la etnología y la colonización, pero no es esto lo que le hará capaz de aprender de aquellos que acepten acogerle” (p.70)

Permitir que cada uno se exprese en sus términos y evalúe desde sus términos / Las ciencias sociales no serán nunca amigas del estado / Extensión de la democracia

“[…] Imaginemos unas ciencias sociales ‘desamalgamadas’ de las ciencias camerales, afirmando el carácter altamente selectivo de sus logros, la necesidad de que aquellos a los que se dirigen, a propósito de quienes tratan de aprender, estén habilitados para evaluar la manera en que se dirigen a ellos y que eso ocurra, sin embargo, sin ‘capturar’ al investigador, convirtiéndolo en un portavoz. Esta doble condición responde a un agenciamiento simbiótico. Tanto el investigador ‘de visita’ como aquellos que lo acogen deben ser capaces de aceptar no capturar al otro y, gracias a esta condición, serán susceptibles de aprender, pero de un modo diferente, en función de lo que les es relevante. Pero lo que requieren las ciencias sociales es también lo que requiere eso que llamamos democracia, si por ella entendemos una dinámica colectiva que permita a aquellos concernidos por una cuestión hacerse capaces de no aceptar o defender una formulación precocinada” (p.76)

“La gobernanza [la gouvernance] en sí misma, y sus ciencias camerales, no tienen los medios de plantearse la cuestión de qué sería una evaluación pertinente, puesto que la pertinencia no es su propósito. Dejadas a ellas mismas, percibirán toda situación con sus propias categorías: ‘debe poder ser evaluado’. La posibilidad de una respuesta que no sea defensiva (¡nada de evaluación!) exige la negociación de convenciones y estas negociaciones exigen la ‘recalcitrancia’, la capacidad para los grupos concernidos de formular lo que cuenta para ellos, lo que deberá tomar en consideración la evaluación –lo que constituirá una ‘convención’ aceptable.No nos equivoquemos, la cuestión ‘¿cómo queremos ser evaluados?’ no es una verdadera prueba que exija la dinámica colectiva de capacitación [habilitation] que he asociado con la democracia. Y es ahí, evidentemente, donde las ciencias sociales podrían a la vez aprender y dar valor a sus saberes en un entorno donde no constituirían una autoridad sino un recurso. No ‘contra’ la gobernanza, sino en un modo que active las posibilidades de resistir a la captura cameral. Entre las ciencias sociales y el Estado no debiera haber antagonismo, pero tampoco colaboración únicamente. Sólo un vínculo que tuviera la misma precariedad que la definición misma del ‘Estado democrático’, uniendo dos maneras de hacer que las cosas importen que serían cada una la pesadilla de la otra. Las ciencias sociales no serán jamás las amigas del Estado, puesto que sus logros están destinados a complicarle la vida. Pero la manera en que el Estado escucha y anticipa, o al contrario sufre o a lo mejor tolera esta complicación es una medida de la efectividad de su relación con eso que llamamos democracia.” (pp. 77-78)

“[…] Las ciencias funcionan por extracción, y si hay procesos de aprendizaje, éstos suelen apoyarse en la extracción de aquello que, situado aquí, es susceptible de ser relatado en otro lado. Es la manera en que se han ligado extracción y modernización donde se plantea el problema, lo que transforma la pregunta ‘¿qué podemos aprender aquí?’ en un principio de juicio que identifica lo que ha sido extraído con lo que importa verdaderamente y el resto con un caparazón de creencias y hábitos parásitos. Disolver este vínculo requiere de una verdadera prohibición: que nadie pueda estar autorizado a definir ‘lo que importa verdaderamente’. Esta prohibición no es moral, sino la condición de una cultura de la simbiosis, de una cultura en que cada protagonista tenga la capacidad de presentarse con lo que le importa y de saber que lo que aprenderá del otro quedará comprendido entre las respuestas a las cuestiones que para él importan. Cuestiones cuyo valor remite, entonces, a la pertinencia, condición para que la respuesta no sea arrebatada, puesto que es precisamente la pertinencia la que prohíbe el sueño de la extracción de aquello que es ‘verdaderamente importante’. Uno no se adueña de aquello de lo que depende. Si aquello que hace existir al otro con su consistencia propia es lo que le permite su recalcitrancia, y si ésta es la condición del aprendizaje de lo pertinente, el sueño en cuestión no remite a la aventura de las ciencias modernas, sino a los felices tiempos de las colonias: cuando los pueblos eran, junto a todo lo otro, aquello de lo que se debía extraer lo que nos permitiría ‘progresar’, a partir de la ocurrencia de decir ‘ellos creen / nosotros sabemos’.” (p. 80)

“[…] ralentizar es volver a ser capaces de aprender, de conocer con, de reconocer eso que nos sostiene y permite tener, pensar e imaginar. Y, en ese mismo proceso, de crear con los otros relaciones que no sean de captura; es, por tanto, crear entre nosotros y con los otros el tipo de relación que conviene a los enfermos, que tienen necesidad unos de otros para reaprender los unos con los otros, gracias a los otros, lo que supone una vida digna de ser vivida, saberes dignos de ser cultivados” (p.82)

ANTROPOCEFA- Kit para la fabricación de colaboraciones etnográficas experimentales

En el marco de las reflexiones sobre la etnografía como “colaboración/experimento” la semana que viene presentaremos ANTROPOCEFA, un kit para aprender a “experimentar con la colaboración etnográfica o colaborar en experimentos etnográficos

ANTROPOCEFA

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¿Reflexiona a menudo que las ciencias sociales ya no son lo que eran?¿Se empeñó en hacer investigación militante y nadie dentro de su facultad le escuchó?¿Tiene claros indicios de una falta de credibilidad permanente entre sus informantes etnográficos?¿Se ha encontrado con dificultades para el acceso a ciertos sitios repletos de expertos, activistas o artistas? ¿Se siente arrinconado por el Big Data y le han rechazado con displicencia por ser investigador cualitativo? ¿Está aburrido usted del multiculturalismo, del interculturalismo, del pragmatismo y del neoliberalismo? ¿Tiene pesadillas con la investigación participativa? ¿Ya no sabe si viene o si va y la vida le es indiferente? Si es de aquellos que cree que su única salida pasa por la reinvención de sus métodos etnográficos, ¡no se preocupe!, el nuevo kit ANTROPOCEFA pone de nuevo a su alcance la posibilidad de reequipar su instrumental metodológico…

Estaremos presentando este revolucionario producto los próximos días 7 y 8 de mayo de 2014 en Medialab-Prado (Madrid), dentro del encuentro de Sociología Ordinaria. Si está interesado en realizar pruebas o contactar con nosotros, no dude en pasar por nuestro stand. Anímese porque ¡la antropología colaborativa está en la pomada! Para más información, descargue nuestro tríptico informativo:  kit ANTROPOCEFA

 ANTROPOCEFA es un alambique contemporáneo para la renovación experimental de sus relaciones de campo. Ningún sitio ni momento quedarán fuera de su alcance…

 ANTROPOCEFA es un equipamiento epistémico para refuncionar los principios de la genuina investigación empírica antropológica…

 ANTROPOCEFA hará que la vida académica sea de nuevo sinónimo de gozo y diversión…

 ¡Y todo ello sólo con poner su imaginación a trabajar a través del uso de nuestros pequeños dispositivos!

Este fabuloso kit le permitirá re-equipar sus habilidades etnográficas para el controvertido mundo de las interacciones sociales ¡sin necesidad de encerrarse en un despacho! Olvídese de campus grises, manuscritos amarillentos y seminarios desorientados y recupere la venturosa vida de las relaciones colaborativas. Con el fabuloso kit ANTROPOCEFA podrá experimentar sin límites.

ANTROPOCEFA le ayudará a:

 –        Darle vida a sus métodos para aprender cómo investigan otras personas, incorporando y compartiendo recetas, métodos y estrategias…
 –        Refuncionar sus sitios para-etnográficos con nuevas relaciones de campo que suspenden los objetivos de la etnografía…
 –        Decorar eficazmente las ambientaciones epistémicas para pensar acompañado de otros…
–        Renovar sus preguntas, re-elaborar su mirada, transformar su sensibilidad epistémica y repensar sus formas de representación.
 –        Experimentar colaborativamente con sus trabajos de investigación, a través de la incorporación en el proceso de sus contrapartes (antes conocidos como informantes)…

 Para todo ello el Kit ANTROPOCEFA se compone de:

1) Polvos catalizadores de la colaboración
Si habitualmente le ha faltado la química y ha necesitado una ayudita para entablar nuevas relaciones o pensar de manera diferente a la academia más aburrida, pruebe a enriquecer sus momentos dándoles un toquecito experimental. Pruebe nuestros polvos catalizadores de la colaboración. Con ellos nunca faltará la ilusión ni la iniciativa para pensar experimentalmente y entender que ¡siempre hay una manera! Sólo hay que encontrarla y experimentarla…

2) Un fantástico desfibrilador colaborativo
Cuando las cosas se ponen complicadas esta es una herramienta esencial para mantener sus relaciones de campo con vida… ¡No deje nunca que su objeto de investigación se le muera por el camino!

3) Escafandra etnográfica
Para las experimentaciones más arriesgadas pruebe nuestra escafandra etnográfica, le protegerá de las atmósferas corrosivas y generará un ambiente epistémico saludable. ¡Espacialmente recomendado!

4) Varita antropomágica
Lo más importante, para aquellos momentos en que las cosas ya no funcionan y no sabe cómo regenerar sus relaciones, pruebe nuestra varita antropomágica de inspiración azande, ¡capaz de sacarle de sus mayores apuros!

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ANTROPOCEFA ¡ya disponible en sus distribuidores de cultura libre autorizados!

ANTROPOCEFA es un producto licenciado BY-SA por la Factoría El Caco, su tienda amiga de experimentación académica. Más información en: http://etnografiatecnociencias.wordpress.com

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 ¡Advertencia!
Al manipular experimentalmente sus relaciones con ANTROPOCEFA la revolución epistémica puede estallarle en las manos. La empresa no se hace responsable del mal uso de los dispositivos metodológicos incluidos en el equipamiento.

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¡¡NUEVO!! VÍDEO DE LA DEMOSTRACIÓN DISPONIBLE AQUÍ

CfP EASA 2014 | Ethnography as collaboration/experiment

Ethnography as collaboration/experiment

CfP Invited Panel – EASA2014: Collaboration, Intimacy & Revolution

Ethnography as collaboration/experiment

Provocation

In the past decades, anthropology has shifted from its traditional naturalistic mode with the ‘been-there-done-that’ rhetoric of immersive fieldwork to new forms of ethnographic engagement that intensify the involvement of anthropologists with their counterparts (Fassin & Bensa, 2008; Faubion & Marcus, 2009). ‘Collaboration’ has been one of the figures invoked by anthropology to describe this situation. However it is far from new (Stull & Schensul, 1987; Ruby, 1992): since the 1980s collaboration has been proposed as a way to inform ethically our relations in the field (Hymes, 1972), or as a way to engage politically with anthropological fieldwork (Juris, 2007). In the last years collaboration has been mobilized again but in this case in a new sense. It has been proposed as a methodological response to the ethnographies that are developed in expert contexts of knowledge production like scientific laboratories, political institutions, economic organizations or artistic and activist collectives. Holmes & Marcus (2008) have argued that in such context people have ‘para-ethnographic’ practices very similar to those of anthropologists. As a consequence, they can no longer be treated as ‘informants’ but as collaborating counterparts. In this situation, the articulation of relations in the field in a collaborative mode forces anthropologists to reconsider the scope of their epistemic practices and to rethink the outcomes and representational modes in a gesture that ‘refunctions ethnography’ (Holmes & Marcus 2005).

Following this argument, collaboration seems to be an ethnographic mode specifically apposite for social contexts devoted to the production of knowledge. But we have witnessed an intense change in the production of knowledge in the last years. Many hybrid institutions have emerged as part of processes that have brought about profound shifts in the nature and distribution of expertise (Nowotny et al. 2001). The generalization of digital technologies seems to have intensified this trend, as well as added new challenges to the anthropological fieldwork (Kelty et al. 2009). People with no social science expertise are taking part in the fabric of social science research through the development of tools (visualization of Twitter interactions, techniques for the extraction of Facebook social data…) that allow them to elaborate very sophisticated analyses of large empirical data.

Therefore, collaboration seems to be an ethnographic mode that could be generalized to even more contexts. In fact, we consider it to be part of the wider debate on the need to reinvent social science research methods provoked by this widespread distribution of digital technologies. A situation that, for some authors, represents a coming crisis for the social sciences (Savage & Burrows, 2007) while it is interpreted by others as a chance to renew the social sciences (Lury & Wakeford, 2012).

This claim for a collaborative mode in ethnography is part of the emergence of collaboration as a figure praised in many social contexts. It is pointed out by governments when promoting collaborative efforts in innovation; it is mobilized in artistic contexts as a way to articulate publics and to figure the social engagement of art; it is also claimed by technology designers and developers as a key feature of digital culture; it is praised and carefully reworked by marketing experts exploring the transformations of all of these features so as to articulate the brand new modes of a post-austerity ‘collaborative economy’. In such contexts, collaboration is praised as a value in itself and as a productive social practice. In its ethnographic mode collaboration seems to point to a two-way egalitarian relation that produces at the same time egalitarian benefits (Konrad, 2008), although it is not always necessarily this way (Strathern, 2008). However, despite such a collaborative impetus in our contemporary societies we lack a precise vocabulary to pay attention to the particularities, nuances and differences of diverse modes of collaboration, a trend that has also affected our lack of detail in the articulation of multiple experiences of participation (Fish et al. 2011).

Hence, in this session we would like to suspend for a moment many of the assumptions we have over collaboration to ask some simple questions: What do we mean when we call a form of relation ‘collaborative’? What ethical imprint do we concede to such a practice? What are the political dimensions attributed to it?

In doing so we would like to take into account the invocation of collaboration in contemporary knowledge-production contexts without forgetting its twofold character referring either to the manifold ways of ‘doing together’ (collaboration as a social form) or to the more specific ways of joint thinking and information sharing (collaboration as an epistemic mode). In this vein, maybe collaboration might be characterized as a specific contemporary mode of inquiry on the transformations of relationality in knowledge production contexts. For this panel we would like to follow this trail, exploring this twofold features in the ongoing revival of more explicit forms of ethnographic research collaboration. We believe that doing so might open up the possibility not only to think of the contemporary conditions of production of anthropological knowledge but also to explore the transformation of the contemporary as a consequence of the intensification of the circulation of knowledge.

Or, to say it otherwise, to think of collaboration practices as experimental forms for ethnographic research. Building on the practices of experimental sciences, both Isabelle Stengers (2006) and Hans-Jorg Rheinberger (1997) have characterized ‘experimentation’ as the sociomaterial craft of devices that pose us new questions. An experiment is a controlled situation that has the power to convey us with the power to speak and think otherwise about our world, as creating ‘causes for thought.’ More concretely, Rheinberger (1997) describes experiments as a situations that allow experimenters to pose new questions that they might not even have had in advance. Thus, we would like to think of collaboration practices as experiments that allow anthropologists to pose questions that they might still not be able to grasp. Collaboration, therefore, is not simply a methodological strategy but a relational and epistemic mode which anthropologists recursively unfold to pose questions that they are still not able to articulate. In this vein, ‘experimentation’ becomes a figure for capturing the transformation of ethnography in these collaborative situations (Marcus 2013).

Building from this, in this invited panel we would like to focus on a cluster of modes of field engagement derived from these transformations and problematizations that we might call ‘ethnography as collaboration/experiment.’ We would like the slash in our title to direct our attention to collaboration as an experiment, proposing experimentation as a strategy for problematizing the diverse and always particular modes of collaboration. It is our believe that different modes of experimentation/collaboration might entail a proposal to ‘rethink from’ and maybe ‘experimenting with’ new ethnographic modes (Harvey & Knox, 2008; Rabinow, 2011). Hence, in this invited panel we are interested in works addressing the specificities of those modes of engagement we deem ‘collaborative’ and what we mean when we call a relation collaborative. Indeed, we would like to to pay attention to the temporalities of these relations and when they might be said to be collaborative and how they might be sustained in time. It is our believe that these questions challenge us with new questions related to our role as anthropologists:

  • What are the contexts –in spatial, temporal and relational terms- needed for ethnography as collaboration/experiment to happen?
  • How could experimental collaboration be established and maintained? What are its catalysers and experimental devices? Could experimental collaboration explode, such as laboratory experiments sometimes do?
  • What might the methodological, epistemic and relational transformations of such collaboration/experiments be? How is the expertise of social science redistributed in these experimental collaborations? Could collaborative experiments in the field make us think of more experimental forms of fieldwork collaboration?

In sum, we believe that paying attention to the contemporary contours of ethnography as ‘collaboration/experiment’ might offer us the possibility of exploring new conditions for the production of anthropological knowledge.

References

Faubion, J. D., & Marcus, G. E. (Eds.). (2009). Fieldwork Is Not What It Used to Be: Learning Anthropology’s Method in a Time of Transition. Ithaca, NY: Cornell University Press.

Fassin, D., & Bensa, A. (Eds.). (2008). Les politiques de l’enquête: Épreuves ethnographiques. Paris: La Découverte.

Fish, A. et al. (2011). Birds of the Internet: Towards a field guide to the organization and governance of participation. Journal of Cultural Economy, 4(2), 157–187.

Harvey, P., & Knox, H. (2008). “Otherwise Engaged:” Culture, deviance and the quest for connectivity through road construction. Journal of Cultural Economy, 1(1), 79–92.

Holmes, D., & Marcus, G. E. (2005). Cultures of Expertise and the Management of Globalization: Toward the Refunctioning of Ethnography. In A. Ong & S. J. Collier (Eds.), Global Assemblages: Technology, Politics, and Ethics as Anthropological Problems (pp. 235-252). Oxford: Blackwell.

Holmes, D. R., & Marcus, G. E. (2008). Para-Ethnography. In L. Given (Ed.), The SAGE Encyclopedia of Qualitative Research Methods (pp. 596–598). Thousand Oaks, CA: Sage.

Hymes, D (Ed.) (1972). Reinventing anthropology. New York: Random House

Juris, J. S. (2007). Practicing Militant Ethnography with the Movement for Global Resistance (MRG) in Barcelona. In S. Shukaitis & D. Graeber (Eds.), Constituent Imagination: Militant Investigation, Collective Theorization (pp. 164-176). Oakland, Calif: AK Press.

Kelty, C. et al. (2009). Collaboration, Coordination, and Composition: Fieldwork after the Internet. In J. D. Faubion & G. E. Marcus (Eds.), Fieldwork is Not What it Used to Be: Learning Anthropology’s Method in A Time of Transition (pp. 184–206). Ithaca, NY: Cornell University Press.

Lury, C., & Wakeford, N. (Eds.). (2012). Inventive Methods: The happening of the social. London: Routledge.

Marcus, G. (2013). Experimental forms for the expression of norms in the ethnography of the contemporary. Hau. Journal of ethnographic theory, 3(2), 197–217.

Nowotny, H., Scott, P., & Gibbons, M. (2001). Re-Thinking Science: Knowledge and the Public in an Age of Uncertainty. Oxford: Polity.

Rabinow, P. (2011). The Accompaniment: Assembling the Contemporary. Chicago: University Of Chicago Press.

Rheinberger, H.-J. (1997). Toward a History of Epistemic Things: Synthesizing Proteins in the Test Tube. Stanford, CA: Stanford University Press.

Ruby, J. (1992). Speaking For, Speaking About, Speaking With, or Speaking Alongside: An Anthropological And Documentary Dilemma. Journal of Film and VIdeo, 44(1-2), 42–66

Savage, M., & Burrows, R. (2007). The Coming Crisis of Empirical Sociology. Sociology, 45(5), 885-889.

Stull, D., & Schensul, J. J. (1987). Collaborative research and social change: applied anthropology in action. Boulder, CO: Westview.

Stengers, I. (2006). La Vierge et le neutrino : Les scientifiques dans la tourmente. Paris: Les Empêcheurs de Penser en Rond / La Découverte.

Strathern, M. (2012). Currencies of Collaboration. In M. Konrad (Ed.), Collaborators Collaborating. Counterparts in Anthropological Knowledge and International Research Relations (pp. 109-125). New York and Oxford: Berghahn.

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13th EASA Biennial Conference
Collaboration, Intimacy & Revolution – innovation and continuity in an interconnected world
Department of Social and Cultural Anthropology, Estonian Institute of Humanities, Tallinn University, Estonia
31st July – 3rd August, 2014

Convenors

Adolfo Estalella (The University of Manchester)
Tomás Sánchez Criado (Universitat Autònoma de Barcelona)

Panel Discussant

Alban Bensa (Iris – EHESS), French anthropologist, Directeur d’études at the Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales and joint director of the IRIS (Institut de recherche interdisciplinaire sur les enjeux sociaux – Sciences sociales, Politique, Santé), with field expertise in New Caledonia and the Kanak people. He has worked on the epistemological and political groundings of an anthropology of action, the event and social transformations. He has also worked on the political and practical conditions of anthropological fieldwork, a field in which he has recently co-edited with Didier Fassin the book Les politiques de l’enquête. Épreuves ethnographiques (2008).

Key dates
Call for papers: 27/12/2013-27/02/2014
Registration opens: 10/04/2014
End of early-bird rate: 22/05/2014

CfP Opening up the urban interface – 4S/ESOCITE Buenos Aires 2014

Opening up the urban interface: The smart city and other experimental forms of ‘infrastructural politics’

Martin Tironi, Centre de Sociologie de l’Innovation, Mines ParisTech

Tomás Sánchez Criado, Universitat Autònoma de Barcelona

Francesca Musiani, Centre de Sociologie de l’Innovation, Mines ParisTech

Open Panel for the Annual Meeting of the Society for Social Studies of Science (4S) / ESOCITE, Buenos Aires, 20-23 August 2014, Intercontinental Hotel, (City Center).

Proposal

‘Smart city’ is becoming a fashionable concept in urban design (Picon, 2014), designating cities governed through the pervasive use of digital devices. In line with these prospects, many contemporary cities around the world are engaging in an experimental deployment of smart devices (Marres, 2012; Karvonen & van Heuer, in press). They ask experts and citizens to either become avid interpreters of sensors’ data or engage in urban automated governance on a variety of aspects, including air quality, urban hygiene, traffic lights and roads maintenance, mobility and public transportation or urban accessibility. Thus, they contribute to the articulation of cyborg citizens (Gandy, 2005; Sheller & Urry, 2006) or citizens as sensors (Goodchild, 2007).

However, beyond these top-down institutional and industrial-led projects, many citizens are also organizing into grassroots collectives seeking to ‘open up the urban interface’ in different ways. These are activist-led projects, permeated by a hacker ethos, targeting the intervention/transformation of a wide variety of urban infrastructures, articulating free-culture-like formats of public space design and use (Corsín, in press; Musiani, 2013; Van Oost et al., 2009). We believe such an ‘opening’ might bring to the fore a new ‘infrastructural politics’ (Denis & Pontille, 2013; Domínguez Rubio & Fogué, 2013). This allows scholars to counter the disembodied versions of the smart city project, and to rethink the very notion of ‘script’ considering the constant and ongoing work of intervening and maintaining scenarios and their alleged predispositions (Sánchez Criado et al., in press; Tironi, in press).

This session invites empirical work reflecting on the different ways in which the urban interface is being ‘opened up’ for scrutiny through these different experimental projects. It seeks to understand and theorise the different ways in which these projects are developing, intervening and countering the smart city project – and the definition of smartness itself.

References

Corsín, A. (in press). The Right to Infrastructure: A Prototype of Open Source Urbanism. Environment and Planning D: Society and Space. Retrieved from http://www.prototyping.es/uncategorized/the-right-to-infrastructure

Denis, J. & Pontille, D. (2013). Material Ordering and the Care of Things. CSI Working Papers Series nº 34. Retrieved from http://www.csi.ensmp.fr/working-papers/WP/WP_CSI_034.pdf

Domínguez Rubio, F., & Fogué, U. (2013). Technifying Public Space and Publicizing Infrastructures: Exploring New Urban Political Ecologies through the Square of General Vara del Rey. International Journal of Urban and Regional Research, 37(3), 1035-1052.

Gandy, M. (2005). Cyborg urbanization: complexity and monstrosity in the contemporary city. International Journal of Urban and Regional Research, 29(1): 26-49.

Goodchild, M. F. (2007). Citizens as sensors: the world of volunteered geography. GeoJournal, 69(4), 211–221.

Karvonen, A. & Van Heur, B. (in press). Urban Laboratories: Experiments in Reworking Cities. International Journal of Urban and Regional Research

Marres, N. (2012). Material Participation: Technology, the Environment and Everyday Publics. New York: Palgrave Macmillan.

Musiani, F. (2013). Nains sans géants. Architecture décentralisée et services internet. Paris: Presses des Mines.

Picon, A. (2014). Smart Cities. Théorie et critique d’un idéal auto-réalisateur. Paris: Edition B2.

Sánchez Criado, T.; López, D.; Roberts, C. and Domènech, M. (in press). Installing telecare, installing users: Felicity conditions for the instauration of usership. Science, Technology and Human Values.

Sheller, M. & Urry, J. (2006). The new mobilities paradigm. Environment and Planning A, 38(2): 207-226.

Tironi, M. (in press) Faire circuler des velos et des personnes. L’écologie urbaine et maintenance du programme Vélib’ de Paris. Revue d’Anthropologie des connaissances.

Van Oost, E., Verhaegh, S., & Oudshoorn, N. (2009). From innovation community to community innovation user-initiated innovation in wireless Leiden. Science, Technology & Human Values, 34(2), 182-205.

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Deadline for submissions March 3, 2014.
Submission abstracts should be up to 250 words. Paper titles should not exceed 10 words.
Languages accepted: English/Spanish/Portuguese
To apply, submit an “individual abstract” via the 4S portal
Once you have a user name and password, go to submit proposal > submit new proposal > paper abstract. After entering your details, check the box beside Open Session #71 Opening up the urban interface: The smart city and other experimental forms of ‘infrastructural politics’

STS & Public Anthropology, ¿una conexión fecunda por hacer?

Hola

Simplemente escribo un post muy breve para plantear el interés potencial de vincular los STS con el creciente debate en la antropología sobre su “orientación pública”.

Quizá algunas referencias para ir tirando del hilo pudieran ser…

Center for a Public Anthropology (dirigido por uno de los más fervientes “supporters” de la idea, Robert Borofsky, que ha publicado recientemente el libro Why a Public Anthropology?)

– Las publicaciones del blog Savage Minds sobre el tema de la Public Anthropology

– El artículo de Fortun (2006). Poststructuralism, Technoscience and the Promise of Public Anthropology, India Review Vol 5. No 2-3.